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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Jalisco • Nota • 16 de septiembre de 2026

Zapopan tenía su propia mina de oro: digital, clandestina y con recibo de luz de terror

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Zapopan tenía su propia mina de oro: digital, clandestina y con recibo de luz de terror
Siempre nos dijeron que las criptomonedas eran cosa etérea: dinero de la nube, valor invisible, futuro sin cables. Pues resulta que en Zapopan la nube tenía domicilio, medidor de luz y, muy probablemente, un recibo de la CFE capaz de hacer llorar a un banco central. La Fiscalía General de la República aseguró en la colonia Lomas de Tesistán una finca que operaba como granja clandestina de criptomonedas, equipada con cableado industrial y equipo de cómputo a destajo.

Uno imaginaba a los mineros de bitcoin como genios encapuchados frente a tres monitores en un loft con luz azul. La realidad tapatía es más terrenal: una bodega llena de máquinas zumbando día y noche, chupando electricidad como si no hubiera mañana, produciendo monedas que no existen en ningún cajón pero cuestan carísimas en watts. El oro digital, aquí, se acuña a punta de ventilador y extensión eléctrica.

Lo que ya no tiene ninguna gracia, y conviene decirlo sin ironía, es que en el operativo fueron rescatadas cuatro personas. Ahí la sátira se detiene en seco: una cosa es reírse de la fantasía tecnológica y otra muy distinta lo que las autoridades hallaron dentro de esa finca. Que quede clara la diferencia.

Volviendo a lo francamente absurdo: que en pleno 2026 uno de los hallazgos del operativo sea, en el fondo, un ciberespacio montado en una casa dice mucho de los tiempos. Antes las fincas clandestinas guardaban otras cosas; ahora, además, guardan tarjetas gráficas. El futuro llegó a Jalisco, sí, pero llegó recalentado y con el foco del garage prendido las veinticuatro horas.

Queda la duda existencial para el vecino de Lomas de Tesistán que durante meses vio parpadear las luces de su cuadra y le echó la culpa a la vieja infraestructura: capaz no era el transformador, capaz era su propia colonia acuñando monedas virtuales a sus espaldas. Y queda también la moraleja, muy de estos tiempos: en este país hasta el dinero imaginario se produce con instalaciones reales, consumo real y, como se vio, consecuencias muy reales.

Que sirva de aviso doméstico: si en su calle la luz se va sin razón y escucha un zumbido constante detrás de una barda, quizá no sea la Comisión. Quizá sea el vecino haciéndose rico en una moneda que usted no puede ni tocar.