Patria, pozole a 400 y el lugar 93: el combo patrio de Guanajuato
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Septiembre llegó a Guanajuato con su cargamento habitual de pólvora, discursos y esa costumbre tan nuestra de confundir el amor a la patria con el amor al presupuesto. Este año, mientras el Fuego Simbólico de la Libertad recorría los 46 municipios cargado por el Pentatlón —esa antorcha que, seamos honestos, llegó más rápido a Pénjamo tras sus 174 kilómetros que el drenaje a media entidad—, la clase política aprovechó para recordarnos que la Independencia también se puede administrar.
Empecemos por la capital, donde la alcaldesa Samantha Smith demostró que el arte de gobernar incluye saber leer un reloj. Convocó a sesión de cabildo a las ocho de la noche para aprobar su segundo informe, justo a la hora en que, casualmente, los opositores de Morena y Antorcha ya andaban en piyama. “Aprovechar el día”, dijo. Y vaya que lo aprovechó: entre siete panistas, dos priistas, una emecista y una morenista convencida a última hora, el informe pasó como tamal en kermés. Casualidades de la política, que diría cualquiera con cara de no haberlo planeado.
El detalle incómodo lo puso la encuestadora Rubrum, que colocó a la alcaldesa en el lugar 93 de 104 municipios, con un 3.31 que ya no es ni reprobado: es zona roja, el sótano del sótano. Uno esperaría que un informe triunfal y una calificación así vivieran en universos paralelos, pero en Guanajuato conviven de lo más tranquilos. Eso sí, para que nadie diga que no hay resultados, el municipio entregó cinco patrullas nuevas y quince pistolas con una inversión de 4.1 millones, bajo la estrategia “Firmes por Guanajuato”. Firmes, sin duda. En el 93, pero firmes.
En Salamanca, el alcalde César Prieto encontró la manera de que el Grito supiera a mitin. Entre vivas a Hidalgo, a Morelos y a los héroes locales, deslizó unos vivas a la 4T y a AMLO, porque nada dice “unidad nacional” como aprovechar la campana de la Independencia para el saludo partidista. Los próceres llevan dos siglos sin pedir nada; el movimiento, en cambio, agradece la mención en tiempo real.
Celaya no se quedó atrás. El presidente municipal Juan Miguel Ramírez encabezó su Grito desde la terraza del Salón de Cabildos con ochenta elementos de seguridad, cifra prudente considerando que en el mismo Rubrum salió con un 4.48, reprobado con honores. La ciudad, además, se prepara para recibir a la presidenta Sheinbaum y a más de veinte mil personas, lo que garantiza que el tráfico del primer cuadro alcance por fin la categoría de tradición patria.
Pero la joya del año fue histórica y gastronómica: se nos informó, con la solemnidad de un hallazgo arqueológico, que Miguel Hidalgo comía maíz, frijol, caldo de gallina, mezcal y chocolate con agua. Es decir, el Padre de la Patria llevaba una dieta más equilibrada y más barata que la que hoy nos permite el pozole del Grito, que en Irapuato ya ronda los 400 pesos la olla. Doscientos años de independencia para que el héroe cenara mejor que nosotros.
Y hablando de soberanía: comerciantes de Irapuato explicaron cómo distinguir una bandera “hecha en México”. Spoiler: las artesanales vienen del Estado de México. Ondeamos con orgullo un tricolor que cruzó fronteras estatales antes de llegar a nuestras manos, mientras aprendemos a reconocer al importado. La patria, ya se ve, es sobre todo una cuestión de logística.
Mientras tanto, en el norte del estado el gusano barrenador acumulaba 851 casos en animales y nueve en personas, concentrados en Xichú y San Luis de la Paz. Uno entiende las prioridades: es más fotogénico entregar una antorcha que combatir una plaga, y la Llama de la Libertad no se aparece sola en los cerros de la Sierra Gorda.
Así que ya lo sabe, estimado guanajuatense: encienda su veladora, sirva su pozole de importación emocional, cante el Grito con el partido de su preferencia y no revise el ranking. Este 15 de septiembre celebramos que somos libres, soberanos y, según Rubrum, número 93. Que viva México, que vivan los héroes y que viva, sobre todo, quien supo poner la sesión a las ocho de la noche.
Empecemos por la capital, donde la alcaldesa Samantha Smith demostró que el arte de gobernar incluye saber leer un reloj. Convocó a sesión de cabildo a las ocho de la noche para aprobar su segundo informe, justo a la hora en que, casualmente, los opositores de Morena y Antorcha ya andaban en piyama. “Aprovechar el día”, dijo. Y vaya que lo aprovechó: entre siete panistas, dos priistas, una emecista y una morenista convencida a última hora, el informe pasó como tamal en kermés. Casualidades de la política, que diría cualquiera con cara de no haberlo planeado.
El detalle incómodo lo puso la encuestadora Rubrum, que colocó a la alcaldesa en el lugar 93 de 104 municipios, con un 3.31 que ya no es ni reprobado: es zona roja, el sótano del sótano. Uno esperaría que un informe triunfal y una calificación así vivieran en universos paralelos, pero en Guanajuato conviven de lo más tranquilos. Eso sí, para que nadie diga que no hay resultados, el municipio entregó cinco patrullas nuevas y quince pistolas con una inversión de 4.1 millones, bajo la estrategia “Firmes por Guanajuato”. Firmes, sin duda. En el 93, pero firmes.
En Salamanca, el alcalde César Prieto encontró la manera de que el Grito supiera a mitin. Entre vivas a Hidalgo, a Morelos y a los héroes locales, deslizó unos vivas a la 4T y a AMLO, porque nada dice “unidad nacional” como aprovechar la campana de la Independencia para el saludo partidista. Los próceres llevan dos siglos sin pedir nada; el movimiento, en cambio, agradece la mención en tiempo real.
Celaya no se quedó atrás. El presidente municipal Juan Miguel Ramírez encabezó su Grito desde la terraza del Salón de Cabildos con ochenta elementos de seguridad, cifra prudente considerando que en el mismo Rubrum salió con un 4.48, reprobado con honores. La ciudad, además, se prepara para recibir a la presidenta Sheinbaum y a más de veinte mil personas, lo que garantiza que el tráfico del primer cuadro alcance por fin la categoría de tradición patria.
Pero la joya del año fue histórica y gastronómica: se nos informó, con la solemnidad de un hallazgo arqueológico, que Miguel Hidalgo comía maíz, frijol, caldo de gallina, mezcal y chocolate con agua. Es decir, el Padre de la Patria llevaba una dieta más equilibrada y más barata que la que hoy nos permite el pozole del Grito, que en Irapuato ya ronda los 400 pesos la olla. Doscientos años de independencia para que el héroe cenara mejor que nosotros.
Y hablando de soberanía: comerciantes de Irapuato explicaron cómo distinguir una bandera “hecha en México”. Spoiler: las artesanales vienen del Estado de México. Ondeamos con orgullo un tricolor que cruzó fronteras estatales antes de llegar a nuestras manos, mientras aprendemos a reconocer al importado. La patria, ya se ve, es sobre todo una cuestión de logística.
Mientras tanto, en el norte del estado el gusano barrenador acumulaba 851 casos en animales y nueve en personas, concentrados en Xichú y San Luis de la Paz. Uno entiende las prioridades: es más fotogénico entregar una antorcha que combatir una plaga, y la Llama de la Libertad no se aparece sola en los cerros de la Sierra Gorda.
Así que ya lo sabe, estimado guanajuatense: encienda su veladora, sirva su pozole de importación emocional, cante el Grito con el partido de su preferencia y no revise el ranking. Este 15 de septiembre celebramos que somos libres, soberanos y, según Rubrum, número 93. Que viva México, que vivan los héroes y que viva, sobre todo, quien supo poner la sesión a las ocho de la noche.