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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Nuevo León • Nota • 16 de septiembre de 2026

Scooters: la anarquía sobre dos ruedas por fin tendrá reglamento

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Scooters: la anarquía sobre dos ruedas por fin tendrá reglamento
Nada resume mejor el espíritu de la ciudad moderna que un scooter eléctrico abandonado en mitad de la banqueta, con las llantas al aire, esperando a que un peatón lo salte como si fuera prueba olímpica. Buena noticia para quienes ya dominan ese deporte extremo: en el Congreso del estado y en algunos municipios trabajan en reformas al reglamento de tránsito y a las leyes de movilidad para ordenar la llamada «nueva micromovilidad».

La idea, según se ha planteado, es ponerle «freno» a la anarquía con que operan estos aparatos: establecer espacios de circulación, velocidades y el equipamiento necesario. Es decir, la revolucionaria propuesta de que las cosas tengan reglas. Un concepto de vanguardia que apenas ahora aterriza en la urbe regia, justo cuando media ciudad ya aprendió a esquivar patines a fuerza de reflejos.

Los peatones, esos héroes anónimos, llevan tiempo pidiendo lo mismo: que se mantenga el beneficio del transporte, pero con orden y respeto a los espacios públicos. Su queja es sencilla y demoledora: muchas unidades terminan tiradas en cualquier punto después de usarse, como si la banqueta fuera un enorme cajón de sastre urbano. Uno sale a caminar y regresa habiendo participado, sin querer, en una carrera de obstáculos que nadie organizó.

El fenómeno tiene su encanto sociológico. El scooter prometía ser el futuro limpio, ágil y juvenil de la movilidad; y lo es, salvo por el pequeño detalle de que a veces amanece recostado a media entrada de una farmacia, bloqueando una rampa o durmiendo la siesta sobre un paso peatonal. La tecnología avanzó a toda velocidad; los buenos modales, en cambio, siguen esperando su turno en la esquina.

Habrá que ver en qué termina la reforma, porque entre el papel y la calle suele haber un abismo del tamaño de la Macroplaza. Regular velocidades y estacionamientos está muy bien; hacer que alguien realmente los respete es harina de otro costal —o de otra app—. Por lo pronto, celebremos el gesto: Monterrey descubre que la micromovilidad también necesita macrorreglas. Y el peatón, mientras tanto, seguirá entrenando el brinco, no vaya a ser que la ley llegue tan tarde como el scooter que pediste en hora pico.