El Grito de la Independencia y la de la dependencia: capas, cámaras y 25 toneladas de gloria
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Amanecimos con la cruda patriótica de rigor y, como cada año, la realidad se encargó de recordarnos que la sátira en este país es un género en peligro de extinción: no por falta de talento, sino por exceso de competencia oficial.
Empecemos por el clásico jalisciense. En Colotlán, un castillo de pirotecnia decidió que al Grito le faltaba emoción y le prendió fuego a los adornos patrios, dejando a dos personas con quemaduras. Protección Civil habla de lesiones leves y uno agradece, pero la moraleja lleva 216 años sin aprenderse: los fuegos artificiales no son confeti, por más tricolor que uno los pinte. En la metrópoli, en cambio, saldo blanco y una postal que retrata al tapatío promedio: fiesta impecable y, a la mañana siguiente, 25 toneladas de residuos en el Centro Histórico. Gritamos "¡Viva México!" con el corazón en una mano y el vaso desechable en la otra. La presidenta municipal mandó a los de aseo a levantar nuestra dignidad del pavimento; ojalá algún día levanten también la cuenta de cuánto nos cuesta ser tan patriotas de un solo uso.
Pero si de vestuario hablamos, el podio nacional se lo lleva sin discusión el alcalde de Elota, allá en Sinaloa, que salió a dar el Grito con traje militar de bordados, hombreras y —agárrense— capa. Entre el general de gala y el superhéroe de kermés hay una línea delgadita, y el edil la cruzó volando. Ante las críticas, grabó un video para avisar que no piensa cambiar sus gustos personales. Faltaba más: cuando la Auditoría Superior ya te trae observaciones por la cuenta pública, lo último que uno suelta es el guardarropa. Si te van a señalar, que sea con estilo.
Y ya que andamos por Sinaloa: el gobierno estatal se lució comprando 52 cámaras de videovigilancia con sus arquitos tecnológicos a una empresa cuya accionista figura en la lista del Departamento del Tesoro gringo. Sí, leyó bien: cámaras de seguridad adquiridas a alguien señalada por presuntos vínculos —vía otra firma sancionada por la OFAC— con el brazo financiero que la fama popular ata al CJNG. Es como contratar al zorro para que instale la alarma del gallinero. Uno se pregunta qué grabarán esas cámaras y, sobre todo, quién estará del otro lado viendo la pantalla.
Mientras tanto, en el Zócalo, la Presidenta desfiló soberanía y la Sedena estrenó juguetes: drones antinarco de siete horas de autonomía, cincuenta aparatitos sobrevolando a quince mil elementos. Espectáculo impecable. La duda, chiquita: si los drones ya vuelan tan lindo, ¿alguien podría prestarle uno a Sinaloa para vigilar sus propias cámaras? Porque el mismo día, del otro lado del muro, don Donald mantuvo a México en su lista negra de países productores de drogas, exigió investigar a los narcopolíticos y, en el mismo aliento, felicitó a Sheinbaum por su gran labor. El clásico "te quiero mucho, pero firma aquí que estás reprobado": diplomacia del garrote con emoji de aplausos.
De regreso a casa, donde duele. El ITESO nos aguó la fiesta con un dato que ningún castillo de pólvora ilumina: Jalisco perdió siete mil empleos formales y firmó su peor año laboral del siglo, colándose al deshonroso lugar 30 nacional, solo por encima de Tlaxcala y —otra vez— Sinaloa. Qué manera de hermanarnos con el vecino: ellos con la capa y las cámaras, nosotros con el desempleo. La gran transformación del mercado laboral tapatío, por lo visto, consiste en transformar la nómina en recuerdo.
Y en Puerto Vallarta, el alcalde demostró que leyó al pie de la letra el manual romano: al pueblo, pan y circo. Montó una fiesta que juntó a miles pese a un elenco musical que —según los propios cronistas— dejó bastante que desear. Aplausos. El detalle es que, apagadas las luces, siguen ahí el agua que no llega, la basura que no se recoge y las calles que piden a gritos —nunca mejor dicho— una segunda mano. Un concierto llena la plaza una noche; los baches la vacían el resto del año.
Cerramos con moraleja de fonda: este país no necesita que le inventen nada, basta con transcribirlo. Vivan los héroes que nos dieron patria, y viva sobre todo el que aún cree que con capa, dron y 25 toneladas de basura se resuelve algo. Nos vemos el próximo Grito, con el extintor a la mano.
Empecemos por el clásico jalisciense. En Colotlán, un castillo de pirotecnia decidió que al Grito le faltaba emoción y le prendió fuego a los adornos patrios, dejando a dos personas con quemaduras. Protección Civil habla de lesiones leves y uno agradece, pero la moraleja lleva 216 años sin aprenderse: los fuegos artificiales no son confeti, por más tricolor que uno los pinte. En la metrópoli, en cambio, saldo blanco y una postal que retrata al tapatío promedio: fiesta impecable y, a la mañana siguiente, 25 toneladas de residuos en el Centro Histórico. Gritamos "¡Viva México!" con el corazón en una mano y el vaso desechable en la otra. La presidenta municipal mandó a los de aseo a levantar nuestra dignidad del pavimento; ojalá algún día levanten también la cuenta de cuánto nos cuesta ser tan patriotas de un solo uso.
Pero si de vestuario hablamos, el podio nacional se lo lleva sin discusión el alcalde de Elota, allá en Sinaloa, que salió a dar el Grito con traje militar de bordados, hombreras y —agárrense— capa. Entre el general de gala y el superhéroe de kermés hay una línea delgadita, y el edil la cruzó volando. Ante las críticas, grabó un video para avisar que no piensa cambiar sus gustos personales. Faltaba más: cuando la Auditoría Superior ya te trae observaciones por la cuenta pública, lo último que uno suelta es el guardarropa. Si te van a señalar, que sea con estilo.
Y ya que andamos por Sinaloa: el gobierno estatal se lució comprando 52 cámaras de videovigilancia con sus arquitos tecnológicos a una empresa cuya accionista figura en la lista del Departamento del Tesoro gringo. Sí, leyó bien: cámaras de seguridad adquiridas a alguien señalada por presuntos vínculos —vía otra firma sancionada por la OFAC— con el brazo financiero que la fama popular ata al CJNG. Es como contratar al zorro para que instale la alarma del gallinero. Uno se pregunta qué grabarán esas cámaras y, sobre todo, quién estará del otro lado viendo la pantalla.
Mientras tanto, en el Zócalo, la Presidenta desfiló soberanía y la Sedena estrenó juguetes: drones antinarco de siete horas de autonomía, cincuenta aparatitos sobrevolando a quince mil elementos. Espectáculo impecable. La duda, chiquita: si los drones ya vuelan tan lindo, ¿alguien podría prestarle uno a Sinaloa para vigilar sus propias cámaras? Porque el mismo día, del otro lado del muro, don Donald mantuvo a México en su lista negra de países productores de drogas, exigió investigar a los narcopolíticos y, en el mismo aliento, felicitó a Sheinbaum por su gran labor. El clásico "te quiero mucho, pero firma aquí que estás reprobado": diplomacia del garrote con emoji de aplausos.
De regreso a casa, donde duele. El ITESO nos aguó la fiesta con un dato que ningún castillo de pólvora ilumina: Jalisco perdió siete mil empleos formales y firmó su peor año laboral del siglo, colándose al deshonroso lugar 30 nacional, solo por encima de Tlaxcala y —otra vez— Sinaloa. Qué manera de hermanarnos con el vecino: ellos con la capa y las cámaras, nosotros con el desempleo. La gran transformación del mercado laboral tapatío, por lo visto, consiste en transformar la nómina en recuerdo.
Y en Puerto Vallarta, el alcalde demostró que leyó al pie de la letra el manual romano: al pueblo, pan y circo. Montó una fiesta que juntó a miles pese a un elenco musical que —según los propios cronistas— dejó bastante que desear. Aplausos. El detalle es que, apagadas las luces, siguen ahí el agua que no llega, la basura que no se recoge y las calles que piden a gritos —nunca mejor dicho— una segunda mano. Un concierto llena la plaza una noche; los baches la vacían el resto del año.
Cerramos con moraleja de fonda: este país no necesita que le inventen nada, basta con transcribirlo. Vivan los héroes que nos dieron patria, y viva sobre todo el que aún cree que con capa, dron y 25 toneladas de basura se resuelve algo. Nos vemos el próximo Grito, con el extintor a la mano.