El alcalde que confundió el Grito de Independencia con una convención de cosplay
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Cada 15 de septiembre, México se disfraza de sí mismo. Pero el alcalde de Elota, en Sinaloa, decidió que el disfraz genérico de "presidente municipal orgulloso" le quedaba chico y subió la apuesta: se presentó a dar el Grito con un traje militar de bordados, hombreras de gala y —el toque maestro— una capa. Faltó nada más el antifaz y la música de entrada para que la plazuela de La Cruz confundiera la ceremonia patria con el estreno de una película de superhéroes de bajo presupuesto.
Las redes hicieron lo que las redes hacen: fiesta. Y el edil, lejos de guardar la capa en el clóset donde suelen vivir estas decisiones, grabó un video para aclarar que seguirá al frente del Ayuntamiento sin modificar sus gustos personales. Una defensa admirablemente honesta: aquí no se rinde nadie, y menos el guardarropa.
El detalle es que Richard Millán no llega al Grito con la hoja de servicios libre de polvo y paja. Su gestión —que arrancó por la vía independiente bajo las siglas de Movimiento Ciudadano, partido del que después se deslindó, en esa coreografía tan mexicana de entrar por una puerta y salir por la ventana— carga observaciones de la Auditoría Superior del Estado sobre la Cuenta Pública 2025. Y cuando la auditoría ya te trae en la mira, uno esperaría un perfil bajo, discreto, color beige. En cambio: capa al viento.
Hay algo casi entrañable en la seguridad del personaje. Mientras medio país discute si la indumentaria fue homenaje, exceso o brote de autoestima, él sigue en lo suyo, convencido de que el problema es de quien mira, no de quien se viste. Tiene su lógica perversa: si la cuenta pública genera dudas, mejor que la conversación sea sobre las hombreras.
Moraleja para futuros ediles: la patria no exige capa, exige que las cuentas cuadren. Pero si de plano uno va a terminar señalado, que al menos la foto quede épica. En eso, hay que reconocerlo, el alcalde ganó por goleada.
Las redes hicieron lo que las redes hacen: fiesta. Y el edil, lejos de guardar la capa en el clóset donde suelen vivir estas decisiones, grabó un video para aclarar que seguirá al frente del Ayuntamiento sin modificar sus gustos personales. Una defensa admirablemente honesta: aquí no se rinde nadie, y menos el guardarropa.
El detalle es que Richard Millán no llega al Grito con la hoja de servicios libre de polvo y paja. Su gestión —que arrancó por la vía independiente bajo las siglas de Movimiento Ciudadano, partido del que después se deslindó, en esa coreografía tan mexicana de entrar por una puerta y salir por la ventana— carga observaciones de la Auditoría Superior del Estado sobre la Cuenta Pública 2025. Y cuando la auditoría ya te trae en la mira, uno esperaría un perfil bajo, discreto, color beige. En cambio: capa al viento.
Hay algo casi entrañable en la seguridad del personaje. Mientras medio país discute si la indumentaria fue homenaje, exceso o brote de autoestima, él sigue en lo suyo, convencido de que el problema es de quien mira, no de quien se viste. Tiene su lógica perversa: si la cuenta pública genera dudas, mejor que la conversación sea sobre las hombreras.
Moraleja para futuros ediles: la patria no exige capa, exige que las cuentas cuadren. Pero si de plano uno va a terminar señalado, que al menos la foto quede épica. En eso, hay que reconocerlo, el alcalde ganó por goleada.