Hacienda te ve el patrimonio con un click; tú corres a hacer testamento
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La noticia llegó fría y eficiente, como notificación del banco un domingo: el SAT y la UIF ya podrán conocer todo tu patrimonio con un click. Un solo click. El mismo país donde uno necesita tres citas, dos comprobantes de domicilio y una fila desde las seis de la mañana para un trámite de ventanilla, resulta que para revisarte las cuentas ya tiene el sistema aceitadito y en tiempo real. Qué agilidad tan selectiva la del Estado mexicano.
La reacción ciudadana fue de manual y no se hizo esperar en el Bajío: los notarios de Salamanca reportan que las solicitudes de testamento se dispararon hasta 300% durante septiembre, y que ahora hasta los jóvenes andan formándose para dejar todo por escrito. Nada apura tanto a un mexicano a poner sus asuntos en orden como la sospecha de que alguien más ya los está viendo. De pronto medio Guanajuato descubrió su vocación de planeación patrimonial: casas, cuentas, acciones y hasta concesiones, todo cuidadosamente inventariado, no vaya a ser que el click llegue antes que el heredero.
Hay algo tiernamente absurdo en la escena. El ciudadano promedio, ese que revisa tres veces si le alcanza la quincena para la renta y el mandado, ahora se siente vigilado como capo internacional. Uno con trabajos junta para el enganche de una moto y anda con la paranoia de que Hacienda le audite el cochinito. Y quizá esa sea la verdadera hazaña tecnológica del sexenio: no digitalizar el drenaje ni los baches, sino lograr que hasta el que no tiene patrimonio se preocupe por el patrimonio que no tiene.
Que quede claro: pagar impuestos y ordenar la herencia son cosas sensatas, sanas, de gente responsable. Pero el timing tiene su gracia negra. El mismo septiembre en que gritamos Viva México y presumimos soberanía, terminamos corriendo con el notario a blindar la licuadora y el terrenito antes de que un algoritmo los cruce en una base de datos. Independencia, dicen. Con un click de por medio, más bien parece que firmamos recibido.
La reacción ciudadana fue de manual y no se hizo esperar en el Bajío: los notarios de Salamanca reportan que las solicitudes de testamento se dispararon hasta 300% durante septiembre, y que ahora hasta los jóvenes andan formándose para dejar todo por escrito. Nada apura tanto a un mexicano a poner sus asuntos en orden como la sospecha de que alguien más ya los está viendo. De pronto medio Guanajuato descubrió su vocación de planeación patrimonial: casas, cuentas, acciones y hasta concesiones, todo cuidadosamente inventariado, no vaya a ser que el click llegue antes que el heredero.
Hay algo tiernamente absurdo en la escena. El ciudadano promedio, ese que revisa tres veces si le alcanza la quincena para la renta y el mandado, ahora se siente vigilado como capo internacional. Uno con trabajos junta para el enganche de una moto y anda con la paranoia de que Hacienda le audite el cochinito. Y quizá esa sea la verdadera hazaña tecnológica del sexenio: no digitalizar el drenaje ni los baches, sino lograr que hasta el que no tiene patrimonio se preocupe por el patrimonio que no tiene.
Que quede claro: pagar impuestos y ordenar la herencia son cosas sensatas, sanas, de gente responsable. Pero el timing tiene su gracia negra. El mismo septiembre en que gritamos Viva México y presumimos soberanía, terminamos corriendo con el notario a blindar la licuadora y el terrenito antes de que un algoritmo los cruce en una base de datos. Independencia, dicen. Con un click de por medio, más bien parece que firmamos recibido.