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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Digest • 17 de septiembre de 2026

México no se arrodilla, pero anda buscando dónde sentarse (de preferencia en una Silla Presidencial de utilería)

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Septiembre nos dejó desfile, Grito, saldo blanco y la certeza nacional de que este país lo aguanta todo, menos una auditoría bien hecha.

Desde el Zócalo, la Presidenta proclamó que México "no se doblega, no se arrodilla y nunca se vende", frase que sonó preciosa hasta que uno recuerda que la dijimos el mismo mes en que, del otro lado de la frontera, nos volvieron a apuntar como país de tránsito de drogas, nos pidieron detener y procesar a nuestros propios funcionarios coludidos y nos ofrecieron, con la ternura de un casero que sube la renta, "un gran acuerdo". La soberanía mexicana es como el pozole: sabrosísima, contundente y siempre servida justo cuando el vecino toca la puerta preguntando por el narcoterrorismo. Que ganó el pozole, por cierto, 58% contra 22% del taco, en una encuesta que resolvió una crisis existencial que nadie tenía, mientras las urgencias de verdad seguían formadas.

Y hablando de quienes sí se envuelven en algo: allá por Sinaloa un alcalde salió a dar el Grito con capa larga, hombreras y un aire de villano de caricatura que no requería presupuesto de utilería, porque —según la Auditoría estatal— la administración ya carga con cerca de 14 millones de pesos en observaciones y recuperaciones probables por aclarar. Nada dice "servidor público austero" como cosplay de emperador con la Cuenta Pública pendiente. Uno hasta entiende la capa: con esos números encima, cualquiera querría un accesorio que le permita desaparecer dramáticamente de escena.

En la capital, mientras tanto, la movilidad del futuro sigue llegando en cámara lenta. El flamante Centrobús, que iba a mover más de 88 mil pasajeros al mes, apenas juntó 28 mil en dos meses. Matemáticamente, más que un sistema de transporte masivo, es una sala de espera con ruedas. Sus primos los Cablebús no se quedan atrás: uno todavía "en construcción" —es decir, un terreno con planes— y otro operando en "servicio provisional", que en el diccionario chilango significa "así se va a quedar hasta nuevo aviso". Nos prometieron surcar los aires; vamos a medio camino, colgados de la fe.

El apartado de finanzas personales fue, como cada septiembre, una obra de teatro del absurdo. Nos enteramos de que nueve de cada diez trabajadores con afore no ahorran un solo peso voluntario para el retiro; que a 23 años de campaña apenas 15% de los mexicanos ha hecho testamento; y —cereza del pastel— que la Lotería Nacional repartió un Premio Mayor de 104 millones. Traduzco el mensaje colectivo: no ahorramos para viejos, no dejamos por escrito qué hacer con lo que no ahorramos, pero cada quincena le apostamos al billete que resolverá ambos problemas de un jalón. Planeamos la jubilación con la misma seriedad con que planeamos el Buen Fin.

Por si el retiro no le quitaba el sueño, la salud pública trajo su propia película de terror clase B: más de 300 personas quedaron bajo vigilancia epidemiológica en Yucatán por una ameba "comecerebros" que rondaba un lago artificial. En un país donde la mitad de los estudiantes, según PISA, ya lee con dificultad, lo del comecerebros suena menos a amenaza y más a competencia desleal.

La transparencia patrimonial también nos regaló su número cómico en dos actos. En el primero, criticaron el blindaje a la información de un exsecretario de Marina, porque —vaya novedad— haber mandado a la Armada no exime a nadie de enseñar sus bienes. En el segundo, otro funcionario declaró que él "sospecharía de quien no hace público su patrimonio" y acto seguido tuvo que ofrecer disculpas porque su propio documento no salió publicado: "error de no verificar", explicó. Es el equivalente institucional de gritar "¡al ladrón!" y luego notar que uno traía la puerta de la casa abierta.

Y para cerrar, la nota que resume el ánimo nacional: los expertos aseguran que la inteligencia artificial no se va a rebelar contra nosotros, que no tiene voluntad propia ni ganas de dominarnos. Qué alivio. Con todo respeto para las máquinas —y para el debate mundial sobre si nos están volviendo más tontos—, viendo cómo administramos afores, testamentos, transporte público y amebas, la IA no necesita rebelarse: le basta con esperar sentada. Nosotros solitos vamos rumbo al abismo, pero eso sí, con capa, pozole y un cachito de lotería en la bolsa.

Feliz mes patrio. Vivan los héroes que nos dieron patria; y que nos perdonen por lo que hemos hecho con ella.