Plan de retiro nacional: no ahorrar, no testar y comprar cachito
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Septiembre es el mes patrio, sí, pero también es —oficialmente— el mes en que México se sienta a pensar en la muerte y el retiro, y decide, con enorme disciplina, no hacer absolutamente nada al respecto.
Empecemos por el futuro lejano. Nueve de cada diez trabajadores con afore no aportan un solo peso de ahorro voluntario para su retiro. Las razones, dicen, son la falta de recursos y el desconocimiento. Traducción: la mitad no puede y la otra mitad no sabe que puede, y entre las dos construyen una vejez que llegará, como el camión de la esquina, tarde y llenísima. El ahorro voluntario en este país es como el gimnasio en enero: todos saben que existe, casi nadie lo pisa.
Sigamos con el final del camino. A 23 años de la campaña de 'Septiembre, mes del testamento', apenas 15% de la población ha tramitado uno. Y ojo con la letra chiquita: hacerlo este mes puede costar hasta unos 3 mil 800 pesos, pero dejarle el pleito a los herederos puede escalar a un juicio de 80 mil. Somos expertos en ahorrarnos 3 mil hoy para heredar 80 mil de bronca mañana. La herencia mexicana promedio no es una casa: es un grupo de WhatsApp familiar que jamás volverá a estar en paz.
¿Y cómo pretende esta nación cubrir el hueco entre el no-ahorro y el no-testamento? Con fe. Concretamente, con la Lotería Nacional, que para las Fiestas Patrias sorteó un Premio Mayor de 104 millones de pesos. Ahí está el verdadero plan financiero del país: una estrategia de retiro basada enteramente en la esperanza estadística de que el número sea el mío. No es una afore, es una corazonada. No es un portafolio diversificado, es un cachito doblado en la cartera junto al recibo del gas.
Visto en conjunto, el mexicano promedio administra su porvenir con una lógica impecablemente suicida: no separa para la vejez, no deja instrucciones para después de la vejez y le confía ambas responsabilidades a un billete premiado que estadísticamente no va a caer. Es un sistema. Malo, pero sistema.
La buena noticia es que, si de milagro se gana la lotería, ya no necesitará afore. La mala es que entonces sí urgirá el testamento, porque nada despierta el cariño repentino de la familia como 104 millones sin dueño designado. Piénselo este septiembre. O no. Total, siempre queda el próximo sorteo.
Empecemos por el futuro lejano. Nueve de cada diez trabajadores con afore no aportan un solo peso de ahorro voluntario para su retiro. Las razones, dicen, son la falta de recursos y el desconocimiento. Traducción: la mitad no puede y la otra mitad no sabe que puede, y entre las dos construyen una vejez que llegará, como el camión de la esquina, tarde y llenísima. El ahorro voluntario en este país es como el gimnasio en enero: todos saben que existe, casi nadie lo pisa.
Sigamos con el final del camino. A 23 años de la campaña de 'Septiembre, mes del testamento', apenas 15% de la población ha tramitado uno. Y ojo con la letra chiquita: hacerlo este mes puede costar hasta unos 3 mil 800 pesos, pero dejarle el pleito a los herederos puede escalar a un juicio de 80 mil. Somos expertos en ahorrarnos 3 mil hoy para heredar 80 mil de bronca mañana. La herencia mexicana promedio no es una casa: es un grupo de WhatsApp familiar que jamás volverá a estar en paz.
¿Y cómo pretende esta nación cubrir el hueco entre el no-ahorro y el no-testamento? Con fe. Concretamente, con la Lotería Nacional, que para las Fiestas Patrias sorteó un Premio Mayor de 104 millones de pesos. Ahí está el verdadero plan financiero del país: una estrategia de retiro basada enteramente en la esperanza estadística de que el número sea el mío. No es una afore, es una corazonada. No es un portafolio diversificado, es un cachito doblado en la cartera junto al recibo del gas.
Visto en conjunto, el mexicano promedio administra su porvenir con una lógica impecablemente suicida: no separa para la vejez, no deja instrucciones para después de la vejez y le confía ambas responsabilidades a un billete premiado que estadísticamente no va a caer. Es un sistema. Malo, pero sistema.
La buena noticia es que, si de milagro se gana la lotería, ya no necesitará afore. La mala es que entonces sí urgirá el testamento, porque nada despierta el cariño repentino de la familia como 104 millones sin dueño designado. Piénselo este septiembre. O no. Total, siempre queda el próximo sorteo.