La red de voleibol que le recordó a Bahía de Banderas que el mar es de todos
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Todo empezó con una red de voleibol. Una familia la instaló frente a un hotel todo incluido en la playa de Bucerías, en Bahía de Banderas, y un trabajador del establecimiento decidió retirarla, según el relato difundido en video, con más firmeza que diplomacia. La escena, grabada y subida a redes, hizo lo que hacen las escenas de playa en México: volverse debate nacional sobre a quién pertenece la arena.
La respuesta jurídica es aburrida de tan clara: las playas en México son de acceso público. No hay membresía, pulsera ni recepcionista que cambie eso. Pero la respuesta comercial lleva años diciendo lo contrario, y ahí está el negocio. Por eso el episodio de la red saltó del arenal a la tribuna, donde una diputada presentó una iniciativa para reformar la Ley Federal de Protección al Consumidor y prohibir que se publiciten 'playas privadas', 'playas exclusivas' o 'acceso privado'. Según la legisladora, esa exclusividad inexistente se cobra: hasta 40% de sobreprecio por una promesa que ningún juez sostendría.
El caso también obligó al Jefe de Gabinete de Bahía de Banderas a emitir postura, ese género literario municipal en el que la autoridad reconoce que hay un problema sin comprometerse a resolverlo antes de la próxima temporada alta. Y no es el primer round: el propio municipio ya venía del caso de Playa Cocinas, de modo que la arena local acumula más expedientes que castillos.
Lo pintoresco del asunto es que se necesitó una red de voleibol retirada a la mala para recordarle a todo un corredor turístico algo que viene escrito en la ley desde hace décadas. En Bahía de Banderas el sol es gratis, el mar es de todos y la única frontera real es la hilera de camastros que el hotel coloca como quien traza una aduana informal. Mientras el Congreso discute si prohibir la palabra 'privada', los visitantes seguirán pagando por una exclusividad de utilería, y algún empleado seguirá confundiendo la orilla del mar con el patio del corporativo. La buena noticia es que la red, al menos, ya cumplió su función: nunca un implemento deportivo había servido para dar tantas clases de derecho constitucional en la arena.
La respuesta jurídica es aburrida de tan clara: las playas en México son de acceso público. No hay membresía, pulsera ni recepcionista que cambie eso. Pero la respuesta comercial lleva años diciendo lo contrario, y ahí está el negocio. Por eso el episodio de la red saltó del arenal a la tribuna, donde una diputada presentó una iniciativa para reformar la Ley Federal de Protección al Consumidor y prohibir que se publiciten 'playas privadas', 'playas exclusivas' o 'acceso privado'. Según la legisladora, esa exclusividad inexistente se cobra: hasta 40% de sobreprecio por una promesa que ningún juez sostendría.
El caso también obligó al Jefe de Gabinete de Bahía de Banderas a emitir postura, ese género literario municipal en el que la autoridad reconoce que hay un problema sin comprometerse a resolverlo antes de la próxima temporada alta. Y no es el primer round: el propio municipio ya venía del caso de Playa Cocinas, de modo que la arena local acumula más expedientes que castillos.
Lo pintoresco del asunto es que se necesitó una red de voleibol retirada a la mala para recordarle a todo un corredor turístico algo que viene escrito en la ley desde hace décadas. En Bahía de Banderas el sol es gratis, el mar es de todos y la única frontera real es la hilera de camastros que el hotel coloca como quien traza una aduana informal. Mientras el Congreso discute si prohibir la palabra 'privada', los visitantes seguirán pagando por una exclusividad de utilería, y algún empleado seguirá confundiendo la orilla del mar con el patio del corporativo. La buena noticia es que la red, al menos, ya cumplió su función: nunca un implemento deportivo había servido para dar tantas clases de derecho constitucional en la arena.