El patrimonio que estaba guardado hasta 2030 y salió antes de tiempo
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Hay documentos que nacen tímidos. La declaración patrimonial de un almirante en retiro y exsecretario de Marina estaba reservada, según se reveló, hasta el año 2030: cuatro años en los que sus bienes tendrían el derecho a la intimidad que el resto de los mortales solo consigue apagando el celular. Esta semana, sin embargo, la Secretaría Anticorrupción levantó la reserva y desclasificó no solo su expediente, sino el de otros 69 marinos, en un arranque de transparencia tan súbito que casi se siente coreografiado.
El contexto explica el repentino amor por la luz. El nombre del exfuncionario aparece en la conversación pública alrededor del llamado huachicol fiscal, la trama de combustible que involucra a otros personajes ya detenidos. La oposición no perdió el tiempo: el PAN y el PRI lo llamaron el 'eslabón perdido' del caso y exigieron que comparezca, con esa emoción con la que se reclama transparencia cuando el señalado es del otro bando. La Presidenta, por su parte, salió a poner paños: aseguró que el almirante no está escondido ni prófugo y que, hasta ahora, no existe ninguna investigación penal en su contra.
Conviene subrayar ese último punto para no caer en el deporte nacional de condenar antes del expediente: por ahora hablamos de una declaración de bienes que se volvió pública, no de un delito comprobado. Lo satírico no está en lo que el documento diga, sino en la lógica que lo mantenía guardado. Porque si la transparencia es una virtud, resulta curioso que necesitara una fecha de caducidad más lejana que la de un producto enlatado, y que su 'apertura' coincidiera justo con el momento en que resultaba políticamente incómodo no abrirla.
Así funciona el teatro: primero se reserva un patrimonio hasta 2030 con cara de que aquí no pasa nada, luego estalla una polémica y de pronto la misma información se convierte en prueba de que aquí no se oculta nada. Entre el partido que exige la comparecencia para hacer ruido y el gobierno que la desestima para bajarle el volumen, el ciudadano se queda con lo de siempre: un PDF recién liberado, un montón de declaraciones cruzadas y la certeza de que en México la caja fuerte de los funcionarios siempre tiene una combinación política.
El contexto explica el repentino amor por la luz. El nombre del exfuncionario aparece en la conversación pública alrededor del llamado huachicol fiscal, la trama de combustible que involucra a otros personajes ya detenidos. La oposición no perdió el tiempo: el PAN y el PRI lo llamaron el 'eslabón perdido' del caso y exigieron que comparezca, con esa emoción con la que se reclama transparencia cuando el señalado es del otro bando. La Presidenta, por su parte, salió a poner paños: aseguró que el almirante no está escondido ni prófugo y que, hasta ahora, no existe ninguna investigación penal en su contra.
Conviene subrayar ese último punto para no caer en el deporte nacional de condenar antes del expediente: por ahora hablamos de una declaración de bienes que se volvió pública, no de un delito comprobado. Lo satírico no está en lo que el documento diga, sino en la lógica que lo mantenía guardado. Porque si la transparencia es una virtud, resulta curioso que necesitara una fecha de caducidad más lejana que la de un producto enlatado, y que su 'apertura' coincidiera justo con el momento en que resultaba políticamente incómodo no abrirla.
Así funciona el teatro: primero se reserva un patrimonio hasta 2030 con cara de que aquí no pasa nada, luego estalla una polémica y de pronto la misma información se convierte en prueba de que aquí no se oculta nada. Entre el partido que exige la comparecencia para hacer ruido y el gobierno que la desestima para bajarle el volumen, el ciudadano se queda con lo de siempre: un PDF recién liberado, un montón de declaraciones cruzadas y la certeza de que en México la caja fuerte de los funcionarios siempre tiene una combinación política.