Inversión histórica, teleférico de lujo y una palabra que se quedó fuera del informe
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El gobernador presentó su Quinto Informe de Gobierno y lo hizo con la seguridad de quien tiene los números bien ensayados: inversión histórica de miles de millones, obras, infraestructura, finanzas sanas y hasta cero deuda a largo plazo. Un discurso tan cuidado que daban ganas de aplaudir de pie, hasta que uno revisa el índice temático y descubre que faltó, precisamente, hablar de seguridad, ese asunto menor que la oposición no deja de mencionar y que en la comparecencia no obtuvo ni una línea. Todo un ejercicio de rendición de cuentas selectiva: se rinde cuenta de lo que luce y se guarda para otra ocasión lo que incomoda.
Entre los orgullos exhibidos destacó el teleférico de Morelia, que quedará inaugurado en su totalidad hasta febrero de 2027, con seis estaciones para recorrer la capital por los aires. Nada dice "modernidad" como sobrevolar la ciudad en cabina panorámica; el único pendiente es que, al ganar altura, uno alcanza a ver también los fraccionamientos donde la bomba del agua sigue fundida. Progreso vertical impecable, siempre y cuando no se mire demasiado hacia abajo.
Y para redondear la épica de la obra pública, Banobras aprobó casi dos mil millones de pesos para la segunda etapa del Morebús, ese proyecto que ya cargó con la polémica del retiro de cientos de especies vegetales. Un clásico del desarrollo michoacano: para que quepa el carril del futuro, primero se despide al árbol del presente. La ciudad tendrá transporte moderno y, de paso, un poquito menos de sombra donde esperar el camión que aún no pasa.
El relato oficial, hay que reconocerlo, está bien armado: cifras redondas, listones por cortar y una narrativa de estado que avanza a paso firme. El pequeño desajuste es el de siempre, el que ocurre cuando el informe se lee en el Centro de Convenciones y la vida se vive en la colonia: allá se celebra la inversión histórica y acá se sigue haciendo cola por el agua, por la carpeta y por el árbol que ya no está.
Que conste el mérito escénico. Faltó una palabra en el discurso, sí, pero vaya que sobró producción.
Entre los orgullos exhibidos destacó el teleférico de Morelia, que quedará inaugurado en su totalidad hasta febrero de 2027, con seis estaciones para recorrer la capital por los aires. Nada dice "modernidad" como sobrevolar la ciudad en cabina panorámica; el único pendiente es que, al ganar altura, uno alcanza a ver también los fraccionamientos donde la bomba del agua sigue fundida. Progreso vertical impecable, siempre y cuando no se mire demasiado hacia abajo.
Y para redondear la épica de la obra pública, Banobras aprobó casi dos mil millones de pesos para la segunda etapa del Morebús, ese proyecto que ya cargó con la polémica del retiro de cientos de especies vegetales. Un clásico del desarrollo michoacano: para que quepa el carril del futuro, primero se despide al árbol del presente. La ciudad tendrá transporte moderno y, de paso, un poquito menos de sombra donde esperar el camión que aún no pasa.
El relato oficial, hay que reconocerlo, está bien armado: cifras redondas, listones por cortar y una narrativa de estado que avanza a paso firme. El pequeño desajuste es el de siempre, el que ocurre cuando el informe se lee en el Centro de Convenciones y la vida se vive en la colonia: allá se celebra la inversión histórica y acá se sigue haciendo cola por el agua, por la carpeta y por el árbol que ya no está.
Que conste el mérito escénico. Faltó una palabra en el discurso, sí, pero vaya que sobró producción.