Manual chilango de supervivencia: cómo pasar el alcoholímetro, el simulacro y la declaración patrimonial sin despeinarse
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Buenos días, capital. Hoy amanecimos con una noticia que reconforta el alma y hunde el hígado: las autoridades aseguran que el alcoholímetro es a prueba de fraude, que no hay hack, experimento ni truco de cantina que lo libre, porque "se pasa o no se pasa". Es, quizá, la única institución de este país donde de verdad no hay palanca. Ni la mordida, ni el compadre, ni el "¿sabe quién soy?": el aparatito no reconoce apellidos ni cargos, solo aliento. Un igualador social que la Constitución no logró en dos siglos, pero que un tubito de plástico consigue a la salida del antro.
Hablando de precisión: hoy a mediodía suenan casi catorce mil altavoces del C5 para el segundo simulacro nacional, con un sismo hipotético de magnitud considerable y epicentro imaginario. Digo hoy, pero el ensayo formal es en realidad para otro momento del calendario, detalle que no impidió que ayer por la mañana media ciudad reportara que la alerta ya había sonado. La conversación en redes fue de manual: "¿No era mañana?", "¿por qué acaba de sonar?", "espérense". Un país que lleva décadas practicando para el temblor y que aun así se organiza como si le hubieran cambiado la fecha del examen a última hora. Tranquilos: si algo sabemos hacer los chilangos es correr a la calle en pijama con perfecta coordinación improvisada.
Pero el verdadero espectáculo de destreza física de la semana no lo dio Protección Civil, sino un cantante muy noventero que, tras un concierto patrio que se le salió de las manos, anunció que se va del país porque alejarse "significa salvación mental y espiritual". Su argumento estelar: había vándalos aventando elotes y cervezas a sus fans, y por eso su ira estuvo justificada. Nunca en la historia de la música mexicana un esquite había sido responsable de tantas terapias. Le deseamos paz, y a los elotes también.
En el terreno de las artes marciales financieras, la Secretaría Anticorrupción desclasificó la declaración patrimonial de un almirante en retiro y exsecretario de Marina, en pleno huachicol fiscal. Los números son de museo: reportó poco más de dos millones de pesos de ingresos en un año, ningún inmueble a su nombre y un par de créditos hipotecarios que suman como seis millones. Es decir, un hombre que debe casas que no tiene. La oposición ya lo llama el "eslabón perdido" del caso, y uno se pregunta cómo puede estar perdido un eslabón que hasta hace nada seguía cobrando como "asesor" con sueldo superior al de secretario. El retiro, en este país, es el mejor negocio después del combustible.
A propósito de bienes que aparecen y desaparecen: cayó en Tamaulipas un presunto extorsionador y en el cateo las autoridades encontraron cajas y cajas de huevo. Con lo que cuesta hoy el blanquillo, ya no sabe uno si aseguraron un botín o un fondo de inversión. Guarden sus tortillas, señores, que la nueva reserva estratégica cabe en un cartón.
En la política local, arrancó formalmente la pelea por la Cuauhtémoc: aparecieron por las calles las iniciales de una aspirante en propaganda madrugadora mientras los apoyos se acomodan solitos. Y en el Congreso capitalino aprobaron el permiso para que la jefa de Gobierno viaje a Nueva York, porque en esta ciudad hasta para salir de la ciudad se necesita que alguien levante la mano. Que le vaya bonito; le encargamos no traer el clima de allá.
Del lado mexiquense, una alcaldesa mandó detener a un señor por tirar basura en la vía pública y lo exhibió con cámara y sermón incluidos: "vean nada más". Nada como el escarnio municipal en vivo para recordarnos que el bote de basura sigue siendo opcional pero la grabación no. Y en el capítulo de la suplantación, un exsecretario de Hacienda salió a aclarar que ese WhatsApp que anda pidiendo dinero con su nombre y su foto no es él. Tranquilos: si un político les pide dinero por mensaje, lo raro no es que sea falso, es que lo esté pidiendo de forma tan directa.
Cierre del día: pasamos el alcoholímetro, sobrevivimos al simulacro que no era, y seguimos sin encontrar el eslabón. Nos leemos mañana, si el altavoz no nos gana.
Hablando de precisión: hoy a mediodía suenan casi catorce mil altavoces del C5 para el segundo simulacro nacional, con un sismo hipotético de magnitud considerable y epicentro imaginario. Digo hoy, pero el ensayo formal es en realidad para otro momento del calendario, detalle que no impidió que ayer por la mañana media ciudad reportara que la alerta ya había sonado. La conversación en redes fue de manual: "¿No era mañana?", "¿por qué acaba de sonar?", "espérense". Un país que lleva décadas practicando para el temblor y que aun así se organiza como si le hubieran cambiado la fecha del examen a última hora. Tranquilos: si algo sabemos hacer los chilangos es correr a la calle en pijama con perfecta coordinación improvisada.
Pero el verdadero espectáculo de destreza física de la semana no lo dio Protección Civil, sino un cantante muy noventero que, tras un concierto patrio que se le salió de las manos, anunció que se va del país porque alejarse "significa salvación mental y espiritual". Su argumento estelar: había vándalos aventando elotes y cervezas a sus fans, y por eso su ira estuvo justificada. Nunca en la historia de la música mexicana un esquite había sido responsable de tantas terapias. Le deseamos paz, y a los elotes también.
En el terreno de las artes marciales financieras, la Secretaría Anticorrupción desclasificó la declaración patrimonial de un almirante en retiro y exsecretario de Marina, en pleno huachicol fiscal. Los números son de museo: reportó poco más de dos millones de pesos de ingresos en un año, ningún inmueble a su nombre y un par de créditos hipotecarios que suman como seis millones. Es decir, un hombre que debe casas que no tiene. La oposición ya lo llama el "eslabón perdido" del caso, y uno se pregunta cómo puede estar perdido un eslabón que hasta hace nada seguía cobrando como "asesor" con sueldo superior al de secretario. El retiro, en este país, es el mejor negocio después del combustible.
A propósito de bienes que aparecen y desaparecen: cayó en Tamaulipas un presunto extorsionador y en el cateo las autoridades encontraron cajas y cajas de huevo. Con lo que cuesta hoy el blanquillo, ya no sabe uno si aseguraron un botín o un fondo de inversión. Guarden sus tortillas, señores, que la nueva reserva estratégica cabe en un cartón.
En la política local, arrancó formalmente la pelea por la Cuauhtémoc: aparecieron por las calles las iniciales de una aspirante en propaganda madrugadora mientras los apoyos se acomodan solitos. Y en el Congreso capitalino aprobaron el permiso para que la jefa de Gobierno viaje a Nueva York, porque en esta ciudad hasta para salir de la ciudad se necesita que alguien levante la mano. Que le vaya bonito; le encargamos no traer el clima de allá.
Del lado mexiquense, una alcaldesa mandó detener a un señor por tirar basura en la vía pública y lo exhibió con cámara y sermón incluidos: "vean nada más". Nada como el escarnio municipal en vivo para recordarnos que el bote de basura sigue siendo opcional pero la grabación no. Y en el capítulo de la suplantación, un exsecretario de Hacienda salió a aclarar que ese WhatsApp que anda pidiendo dinero con su nombre y su foto no es él. Tranquilos: si un político les pide dinero por mensaje, lo raro no es que sea falso, es que lo esté pidiendo de forma tan directa.
Cierre del día: pasamos el alcoholímetro, sobrevivimos al simulacro que no era, y seguimos sin encontrar el eslabón. Nos leemos mañana, si el altavoz no nos gana.