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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Jalisco Nota 25 de junio de 2026

El Batman de Lagos: cuando el vecino se disfraza porque la señal nunca llega

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El Batman de Lagos: cuando el vecino se disfraza porque la señal nunca llega
Lagos de Moreno, tierra de cantera, talento literario y ahora, al parecer, de vigilantes nocturnos. En las últimas semanas aparecieron al menos cinco personas sometidas, golpeadas y amarradas a postes de la vía pública, exhibidas con letreros que las acusaban de robar motocicletas. El internet, que para apodar no descansa, los bautizó como obra del "Batman de Jalisco". Cinta gris, cartulinas con la palabra "ratero" y, como toque autoral, rasgos faciales dibujados en son de burla. Faltó la capa y el batiseñal.

La Fiscalía del estado, encabezada por Salvador González de los Santos, hizo lo que tenía que hacer: aclarar que esto no es una película de superhéroes. Confirmó que ya se integran carpetas de investigación y precisó un punto incómodo para los aplaudidores: con independencia de los delitos que se les atribuyan a los amarrados, el protocolo legal los cataloga, en este momento, como víctimas de agresión y privación ilegal de la libertad. Es decir: nadie reparte justicia con cinta de embalar sin convertirse, él mismo, en otro caso para el Ministerio Público.

Y aquí está la parte que ningún cómic se atreve a contar. Batman es ficción precisamente porque vive en una ciudad donde la policía encendía una luz en el cielo y un millonario excéntrico contestaba. El "Batman de Lagos" no es señal de heroísmo, sino de hartazgo: el vecino se disfraza cuando lleva mucho tiempo gritándole al cielo y nadie del otro lado contesta. Aplaudir el espectáculo es fácil; el problema es que la justicia por mano propia no distingue, no juzga, no se equivoca poquito. Hoy amarra a un presunto ladrón de motos; mañana puede amarrar al equivocado, y entonces el héroe se convierte en la nota roja.

Que conste: el coraje contra el robo es legítimo y profundamente humano. Pero un estado donde la gente confía más en un poste y un rollo de cinta que en una patrulla tiene un problema que no se arregla con disfraces. La verdadera película de terror no es el justiciero enmascarado: es el silencio institucional que lo hace parecer buena idea. Mientras tanto, en los Altos, la batiseñal sigue prendida. Esperando.