Asesor de tiempo completo: el arte de retirarse sin retirarse
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Existe una figura laboral fascinante, esquiva y bien pagada: el asesor. No manda, no firma, no aparece en el organigrama con recuadro propio, pero cobra. Y cobra bien. Esta semana, tras la desclasificación de información patrimonial de decenas de funcionarios y exfuncionarios, se supo que el almirante José Rafael Ojeda Durán, extitular de la Marina, reportó ingresos netos anuales superiores a los dos millones de pesos en sus declaraciones recientes, en su papel de asesor del alto mando naval.
Dejó la titularidad en octubre de 2024, sí. Pero, como buen asesor, no se fue del todo. La propia Presidenta confirmó que mantiene una remuneración cercana a los ciento cincuenta mil pesos mensuales correspondiente a su grado de almirante. Es decir: se jubila uno del cargo, pero nunca del sueldo. Es el equivalente institucional a esos exnovios que "ya no andan" pero siguen dejando el cepillo de dientes en el baño. Técnicamente terminó; operativamente, ahí sigue.
Ciento cincuenta mil pesos al mes por asesorar. Uno se pregunta, con sana curiosidad ciudadana, en qué consiste la consultoría. ¿Le llaman por teléfono cuando hay dudas de navegación? ¿Revisa que el ancla vaya del lado correcto? El misterio del "asesor" es que su producto es invisible y su salario, muy visible. En el sector privado, un consultor de esa tarifa presenta diapositivas cada semana; en el sector público, basta con existir y con haber tenido antes el cargo grande.
Y porque las buenas historias siempre traen un renglón adicional, la Presidenta aclaró también que no existe carpeta de investigación en su contra por el caso del huachicol fiscal, y que fue solicitado como testigo por la defensa de uno de los detenidos en ese proceso. Que quede claro y por escrito: testigo, no señalado. Pero admitamos que la estampa tiene su poesía burocrática: el asesor mejor cotizado del alto mando naval, cobrando su grado íntegro, convocado a declarar en un asunto de combustible. En México uno no se retira de la vida pública. Solo cambia de credencial: de titular a asesor, y de asesor a testigo. El sueldo, mientras tanto, no falta a ninguna quincena.
Dejó la titularidad en octubre de 2024, sí. Pero, como buen asesor, no se fue del todo. La propia Presidenta confirmó que mantiene una remuneración cercana a los ciento cincuenta mil pesos mensuales correspondiente a su grado de almirante. Es decir: se jubila uno del cargo, pero nunca del sueldo. Es el equivalente institucional a esos exnovios que "ya no andan" pero siguen dejando el cepillo de dientes en el baño. Técnicamente terminó; operativamente, ahí sigue.
Ciento cincuenta mil pesos al mes por asesorar. Uno se pregunta, con sana curiosidad ciudadana, en qué consiste la consultoría. ¿Le llaman por teléfono cuando hay dudas de navegación? ¿Revisa que el ancla vaya del lado correcto? El misterio del "asesor" es que su producto es invisible y su salario, muy visible. En el sector privado, un consultor de esa tarifa presenta diapositivas cada semana; en el sector público, basta con existir y con haber tenido antes el cargo grande.
Y porque las buenas historias siempre traen un renglón adicional, la Presidenta aclaró también que no existe carpeta de investigación en su contra por el caso del huachicol fiscal, y que fue solicitado como testigo por la defensa de uno de los detenidos en ese proceso. Que quede claro y por escrito: testigo, no señalado. Pero admitamos que la estampa tiene su poesía burocrática: el asesor mejor cotizado del alto mando naval, cobrando su grado íntegro, convocado a declarar en un asunto de combustible. En México uno no se retira de la vida pública. Solo cambia de credencial: de titular a asesor, y de asesor a testigo. El sueldo, mientras tanto, no falta a ninguna quincena.