Ingresar | Crear cuenta

El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Digest • 20 de septiembre de 2026

México ensaya el fin del mundo y hasta las ratas van más preparadas que tú

Tamaño de letra
Hay días en que la Ciudad de México despierta decidida a demostrar que está lista para lo peor, y este 19 de septiembre volvió a hacerlo con una convicción que ya quisieran otras causas nacionales. A las doce en punto sonó la alerta, se supuso un sismo de magnitud 7.7 y treinta y tres millones de mexicanos —en el papel— salieron ordenaditos a los puntos de reunión. El despliegue fue digno de superproducción: dos millones y cacho de "recursos humanos", sesenta y tres mil vehículos, trescientas setenta y una aeronaves y hasta doscientas mil camas de hospital disponibles por si el guion se salía de control. Nunca un ensayo tuvo tanto elenco.

El detalle es que el simulacro, como toda obra con años en cartelera, ya arrastra su público desganado. Las autoridades reconocieron que "cada año se va diluyendo la participación": mientras brigadistas descolgaban gente con arneses desde azoteas y binomios caninos olfateaban escombros de mentiritas, buena parte de la ciudadanía vivió la tragedia hipotética desde el sillón, sin despegar la mirada del teléfono que acababa de vibrar. Para muchos, la única evacuación fue del refrigerador a la sala.

Y sin embargo, hubo víctimas de verdad. Dos personas terminaron recibiendo atención médica: una sufrió un infarto y otra se cayó bajando las escaleras. Es el chiste amargo del asunto: en el país donde el sismo era de a mentiras, el susto sí fue de a de veras. Ensayamos tanto el terremoto que el cuerpo ya no distingue cuándo le toca asustarse.

Del lado de la infraestructura, el C5 presumió que el 98.93 por ciento de sus veintiocho mil doscientos ochenta y siete altavoces sonaron. Un número tan preciso que casi conmueve, aunque los vecinos del uno por ciento restante —esos que solo vieron a todos correr sin saber por qué— seguramente lo celebran con menos entusiasmo. En México gobernar es, cada vez más, administrar decimales: la reconstrucción va al 97 por ciento, los altavoces al 98.93, y la tranquilidad ciudadana en algún punto perdido después del punto decimal.

La jefa de Gobierno, Clara Brugada, aprovechó la fecha para jurar ante los damnificados que la reconstrucción "no terminará hasta que la última familia regrese a casa". Es una frase bella y también un plan de vida: a nueve y a cuarenta y un años de los sismos, algunos colectivos ya sospechan que "la última familia" es una categoría casi teológica, como el fin de los tiempos, que se anuncia con firmeza pero nunca acaba de llegar.

Mientras la ciudad se preparaba para lo hipotético, la naturaleza cobró lo real. Falleció Fortunata, la jirafa más longeva del Centro de Conservación de Chapultepec, a los treinta y seis años y cinco meses. Se fue en silencio, con la elegancia de quien nunca necesitó altavoz para llamar la atención. Descanse en paz la única capitalina que de verdad veía venir los problemas desde lejos.

Pero si de sobrevivientes hablamos, ninguno como las ratas. Investigadores de la UAM Xochimilco y el Hospital Gea González hallaron en sus heces el adenovirus 36, ese que la ciencia asocia con la obesidad. Léase con calma: las ratas de la CDMX ya cargan el virus de subir de peso. Nos ganaron en resiliencia, nos ganaron en organización y ahora nos ganan hasta en el antojo. La única especie que evacúa el drenaje más rápido de lo que nosotros desalojamos un edificio, y encima cuidándose menos la línea.

En la política, el simulacro tuvo su versión de escritorio. Desde Chihuahua, la presidenta Claudia Sheinbaum llamó a "defender a la patria", justo después de reunirse en privado con la gobernadora Maru Campos, quien calificó el encuentro de "necesario" y aclaró que deben "mejorar sus canales de comunicación". Traducido del diplomático al español: se cayeron bien lo suficiente para no decir lo contrario. Dos altavoces que también funcionaron, digamos, al 98.93 por ciento.

Y por si el planeta quería sumarse al ensayo general del absurdo, desde el norte llegó la noticia de que Donald Trump lanzó una encuesta para cambiarle el nombre a la "inteligencia artificial" por uno "más elegante", al tiempo que anunció un zar del ramo y una "fuerza de la IA" para no dejarse de China. Es tranquilizador: mientras aquí ensayamos cómo salir vivos de un edificio, allá ensayan cómo ponerle un nombre bonito a lo que lo diseñó. Cada quien su simulacro.

Al final del día, la ciudad guardó los arneses, apagó los altavoces y regresó a la normalidad, que es su estado de emergencia favorito. Aprendimos, como cada año, que estamos preparadísimos para el desastre que anunciamos con fecha y hora, y perfectamente indefensos ante el que no. Nos vemos en el próximo ensayo. Las ratas, seguramente, ya apartaron lugar.