Semáforos de adorno, chapulines de colores y momias en lista de espera: el Bajío en pausa eterna
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Hay días en que Guanajuato parece un kiosco de pueblo: todo muy pintado por fuera y por dentro nadie sabe quién prendió la luz. Empecemos por la joya de la corona burocrática: este sábado por fin entrarán en operación los semáforos del puente Piloto, Tres Caminos, el Auditorio del Estado y la Plaza de Toros, esos que llevaban meses parados como estatuas de cera, decorando la avenida sin atreverse a cambiar de color. El propio gobierno municipal anuncia que mandará policías viales a las 8:30 de la mañana para que los conductores se acostumbren a «la modernidad». Traducción: inventamos el semáforo y de pasada contratamos a un señor para explicar que el rojo significa frenar. En redes ya circulan los memes, porque la capital aprendió algo: cada vez que aquí encienden un semáforo, el tráfico empeora. Es el único lugar del planeta donde la tecnología avanza hacia atrás con elegancia colonial.
De la modernidad vial pasamos a la modernidad política, que también gira sin sentido. En Irapuato, Ramón Hernández Zamora, aquella «promesa joven» que durante casi una década gritó que amaba al blanquiazul —incluso desde la Secretaría de Acción Juvenil—, ahora desfila con Morena y lo estrena con comilona, banda y regalos en pleno Día del Padre. El chaqueteo express tiene su propia coreografía: ayer la bandera blanca, hoy el guinda, y la única constante es el bufet. Mientras tanto, el PAN presume que «ya 10 mil candidatos levantaron la mano» y que van por más. Diez mil aspirantes y un converso menos: a este ritmo el padrón panista se balancea como báscula de tianguis.
En la capital, la gobernadora encabezó el tradicional desayuno con el sector minero en los jardines de Finanzas, recordándonos que estas tierras se llamaron Real de Minas y que «la minería no solo es pasado, es presente y futuro». Anunció seguimiento a 15 proyectos por más de mil 500 millones de dólares. Suena espléndido, hasta que uno baja del cerro de la plata y aterriza en el Museo de las Momias, cuya rehabilitación sigue congelada esperando el visto bueno del INAH mientras el costo ya rebasó los tres millones de pesos y subiendo. Las momias, que llevan siglos quietecitas, son ahora las contratistas más pacientes del estado: ellas sí entregaron a tiempo. Y en León, Movimiento Ciudadano grita persecución política porque, casualmente, las auditorías llegaron justo después de que Alejandra Gutiérrez se despidiera del PAN. En Guanajuato la contabilidad gubernamental tiene un timing digno de telenovela.
La nota más sabrosa para los economistas con sentido del humor: Guanajuato aumentó sus exportaciones a República Checa la misma semana en que el Tri le ganó a Chequia en el Mundial. Doble goleada, una en la cancha y otra en la aduana, con manufactura especializada y tecnología médica. Que nadie diga que el estado no sabe rematar. Las plazas se pintaron de verde, Salamanca se vistió de fiesta mundialista y León juntó tres mil personas para celebrar el invicto.
Y aquí es donde el chiste se atora en la garganta. Porque mientras unos pueblos sacaban la bandera por el Tri, otros guardaban luto: en San Juan de Razos, Salamanca, cancelaron la fiesta patronal y la verbena de San Juan por miedo tras un ataque armado; en Barrio Nuevo, Irapuato, borraron hasta el mural del santo y se quedaron sin juegos ni carpas. El mismo 24 de junio en que la capital desayunaba con la minería, varias comunidades amanecieron sin su fiesta de siglos. Esa es la postal completa del Bajío: semáforos que por fin se encienden, políticos que cambian de color como semáforos, momias que esperan presupuesto y plazas que se quedaron sin música. Todo muy pintado por fuera. Adentro, alguien sigue buscando el switch.
De la modernidad vial pasamos a la modernidad política, que también gira sin sentido. En Irapuato, Ramón Hernández Zamora, aquella «promesa joven» que durante casi una década gritó que amaba al blanquiazul —incluso desde la Secretaría de Acción Juvenil—, ahora desfila con Morena y lo estrena con comilona, banda y regalos en pleno Día del Padre. El chaqueteo express tiene su propia coreografía: ayer la bandera blanca, hoy el guinda, y la única constante es el bufet. Mientras tanto, el PAN presume que «ya 10 mil candidatos levantaron la mano» y que van por más. Diez mil aspirantes y un converso menos: a este ritmo el padrón panista se balancea como báscula de tianguis.
En la capital, la gobernadora encabezó el tradicional desayuno con el sector minero en los jardines de Finanzas, recordándonos que estas tierras se llamaron Real de Minas y que «la minería no solo es pasado, es presente y futuro». Anunció seguimiento a 15 proyectos por más de mil 500 millones de dólares. Suena espléndido, hasta que uno baja del cerro de la plata y aterriza en el Museo de las Momias, cuya rehabilitación sigue congelada esperando el visto bueno del INAH mientras el costo ya rebasó los tres millones de pesos y subiendo. Las momias, que llevan siglos quietecitas, son ahora las contratistas más pacientes del estado: ellas sí entregaron a tiempo. Y en León, Movimiento Ciudadano grita persecución política porque, casualmente, las auditorías llegaron justo después de que Alejandra Gutiérrez se despidiera del PAN. En Guanajuato la contabilidad gubernamental tiene un timing digno de telenovela.
La nota más sabrosa para los economistas con sentido del humor: Guanajuato aumentó sus exportaciones a República Checa la misma semana en que el Tri le ganó a Chequia en el Mundial. Doble goleada, una en la cancha y otra en la aduana, con manufactura especializada y tecnología médica. Que nadie diga que el estado no sabe rematar. Las plazas se pintaron de verde, Salamanca se vistió de fiesta mundialista y León juntó tres mil personas para celebrar el invicto.
Y aquí es donde el chiste se atora en la garganta. Porque mientras unos pueblos sacaban la bandera por el Tri, otros guardaban luto: en San Juan de Razos, Salamanca, cancelaron la fiesta patronal y la verbena de San Juan por miedo tras un ataque armado; en Barrio Nuevo, Irapuato, borraron hasta el mural del santo y se quedaron sin juegos ni carpas. El mismo 24 de junio en que la capital desayunaba con la minería, varias comunidades amanecieron sin su fiesta de siglos. Esa es la postal completa del Bajío: semáforos que por fin se encienden, políticos que cambian de color como semáforos, momias que esperan presupuesto y plazas que se quedaron sin música. Todo muy pintado por fuera. Adentro, alguien sigue buscando el switch.