La alcantarilla de Prieto Luján: la única dependencia que responde rápido en Chihuahua
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Al norte de la ciudad de Chihuahua, en el cruce de la avenida Guillermo Prieto Luján y la calle Hidroeléctrica de Chicoasén, ocurrió esta semana el fenómeno más digno de estudio del urbanismo local: una alcantarilla se puso a brincar. Así, literal. La tapa se levantaba y volvía a caer, una y otra vez, con ritmo, con entrega, con una constancia que ya quisieran muchos servicios públicos. Alguien la grabó, el video circuló en redes, y de inmediato la coladera se convirtió en la funcionaria más productiva del sector: hacía algo, se movía, respondía. Más de lo que se puede decir de varios trámites.
Hay que reconocerle el talento escénico. En una ciudad donde el agua tarda en llegar, la luz tarda en volver y los reportes tardan en registrarse, esta alcantarilla decidió no esperar a nadie: tomó la iniciativa, se emancipó del asfalto y montó su propio espectáculo de brincos frente a los automovilistas atónitos. Fue, por unos minutos, una fuente danzarina no autorizada, cortesía de la presión hidráulica y de vaya uno a saber qué maravilla del sistema de drenaje.
Lo entrañable del asunto es el contraste. Esa misma semana, vecinos de la colonia Unidad reportaron que llevaban horas sin luz tras varios cortes, y que cuando intentaron levantar el reporte, la aplicación oficial ni siquiera les permitió registrar la falla. O sea: el ciudadano que quiere quejarse no puede, pero la coladera que quiere bailar tiene línea abierta y horario estelar. El sistema funciona de maravilla, siempre y cuando no seas humano y no necesites nada.
Uno se pregunta qué se necesita para que las cosas se muevan con esa velocidad en Chihuahua. La respuesta, aparentemente, es convertirse en infraestructura de fierro colado y ponerse a saltar en plena vía pública. Mientras las obras se retrasan, los pozos se anuncian y las banquetas se prometen "en la próxima administración", esta tapa entendió que en este país el que no brinca no sale en el video, y el que no sale en el video no existe.
Habrá que darle seguimiento. Con suerte, alguna cuadrilla acuda a revisar el drenaje antes de que la coladera consiga contrato de exclusividad y exija camerino. Porque si algo enseñó este pequeño episodio es que en materia de servicios, a veces el problema no es que nada se mueva, sino que lo único que se mueve con energía sea justamente lo que debería quedarse quieto. La alcantarilla ya cumplió su función simbólica: recordarnos que en la burocracia local, la reacción inmediata sí existe. Nada más que suele venir del subsuelo.
Hay que reconocerle el talento escénico. En una ciudad donde el agua tarda en llegar, la luz tarda en volver y los reportes tardan en registrarse, esta alcantarilla decidió no esperar a nadie: tomó la iniciativa, se emancipó del asfalto y montó su propio espectáculo de brincos frente a los automovilistas atónitos. Fue, por unos minutos, una fuente danzarina no autorizada, cortesía de la presión hidráulica y de vaya uno a saber qué maravilla del sistema de drenaje.
Lo entrañable del asunto es el contraste. Esa misma semana, vecinos de la colonia Unidad reportaron que llevaban horas sin luz tras varios cortes, y que cuando intentaron levantar el reporte, la aplicación oficial ni siquiera les permitió registrar la falla. O sea: el ciudadano que quiere quejarse no puede, pero la coladera que quiere bailar tiene línea abierta y horario estelar. El sistema funciona de maravilla, siempre y cuando no seas humano y no necesites nada.
Uno se pregunta qué se necesita para que las cosas se muevan con esa velocidad en Chihuahua. La respuesta, aparentemente, es convertirse en infraestructura de fierro colado y ponerse a saltar en plena vía pública. Mientras las obras se retrasan, los pozos se anuncian y las banquetas se prometen "en la próxima administración", esta tapa entendió que en este país el que no brinca no sale en el video, y el que no sale en el video no existe.
Habrá que darle seguimiento. Con suerte, alguna cuadrilla acuda a revisar el drenaje antes de que la coladera consiga contrato de exclusividad y exija camerino. Porque si algo enseñó este pequeño episodio es que en materia de servicios, a veces el problema no es que nada se mueva, sino que lo único que se mueve con energía sea justamente lo que debería quedarse quieto. La alcantarilla ya cumplió su función simbólica: recordarnos que en la burocracia local, la reacción inmediata sí existe. Nada más que suele venir del subsuelo.