Tarifa preventiva por posible rima: el millón que Morelia le cobra a una canción
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Morelia encontró una nueva fuente de ingresos y no es el predial: es la letra de una canción. El ayuntamiento anunció que impondrá una fianza de hasta un millón de pesos a Natanael Cano para "evitar la apología del delito" en su concierto del 21 de noviembre en el estadio Francisco Villa. Un millón de pesos como depósito de garantía por si al micrófono se le escapa un verso de más.
Es, hasta donde alcanza la memoria, de las primeras veces que un municipio le pone precio a una estrofa antes de escucharla. Y ojo con la figura elegida: no es multa —la multa vendría después—, es fianza, o sea dinero por adelantado por algo que todavía no pasa, calculado sobre la corazonada de que va a pasar. Derecho penal de la adivinación, aplicado con tabulador de taquilla. Si el hombre se porta bien, supongo que le devuelven su millón con un sello que diga "cantó dentro de la ley".
Uno entiende la preocupación: los corridos traen su discusión y hay quien no quiere que en un estadio municipal se enaltezca nada feo. Muy respetable. Lo curioso es el método. En lugar de reglas claras dichas de frente, se opta por la caución, que es la manera elegante de decir "tú canta, pero deja depósito". Es el mismo esquema que en el salón de fiestas cuando temen que rayes la pared, solo que aquí la pared es el estado de derecho y el plumón es un micrófono.
Y está el detalle que corona todo: mientras ya se calcula la cifra de la fianza, los permisos del evento todavía no se entregan. Es decir, se afinó primero cuánto cobrar por la falta hipotética que por autorizar la fiesta real. Se sabe el castigo antes que la lista de invitados. Muy michoacano: llegamos tardísimo a los trámites, pero puntualísimos a la caja.
Al final quedan dos posibilidades. Una, que el concierto se dé, el cantante mida cada palabra y todos contentos con su millón intacto. Otra, que el papeleo se atore, el evento no ocurra, y el gran ganador del pleito por la apología del delito sea el silencio administrativo, que en este estado nunca ha necesitado permiso para actuar.
Es, hasta donde alcanza la memoria, de las primeras veces que un municipio le pone precio a una estrofa antes de escucharla. Y ojo con la figura elegida: no es multa —la multa vendría después—, es fianza, o sea dinero por adelantado por algo que todavía no pasa, calculado sobre la corazonada de que va a pasar. Derecho penal de la adivinación, aplicado con tabulador de taquilla. Si el hombre se porta bien, supongo que le devuelven su millón con un sello que diga "cantó dentro de la ley".
Uno entiende la preocupación: los corridos traen su discusión y hay quien no quiere que en un estadio municipal se enaltezca nada feo. Muy respetable. Lo curioso es el método. En lugar de reglas claras dichas de frente, se opta por la caución, que es la manera elegante de decir "tú canta, pero deja depósito". Es el mismo esquema que en el salón de fiestas cuando temen que rayes la pared, solo que aquí la pared es el estado de derecho y el plumón es un micrófono.
Y está el detalle que corona todo: mientras ya se calcula la cifra de la fianza, los permisos del evento todavía no se entregan. Es decir, se afinó primero cuánto cobrar por la falta hipotética que por autorizar la fiesta real. Se sabe el castigo antes que la lista de invitados. Muy michoacano: llegamos tardísimo a los trámites, pero puntualísimos a la caja.
Al final quedan dos posibilidades. Una, que el concierto se dé, el cantante mida cada palabra y todos contentos con su millón intacto. Otra, que el papeleo se atore, el evento no ocurra, y el gran ganador del pleito por la apología del delito sea el silencio administrativo, que en este estado nunca ha necesitado permiso para actuar.