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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Guanajuato Nota 25 de junio de 2026

Las momias llevan siglos esperando; la remodelación apenas se les empareja

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Las momias llevan siglos esperando; la remodelación apenas se les empareja
De todas las contratistas pacientes que existen en Guanajuato, ninguna como las momias. Llevan siglos quietecitas, sin quejarse, sin pedir anticipo, sin amenazar con parar la obra. Por eso resulta casi poético que la rehabilitación del Museo de las Momias siga detenida, a la espera de que el INAH apruebe la museografía, mientras el costo del proyecto ya superó los tres millones de pesos y, como buen presupuesto guanajuatense, sigue trepando.

El gobierno municipal asegura que «existen avances». Y seguramente los hay, en ese sentido metafísico en que toda obra pública guanajuatense siempre tiene avances que nadie alcanza a ver. La intervención está frenada, los costos aumentaron «considerablemente» —palabra hermosa que en el argot oficial significa «no pregunten cuánto»— y el recinto más famoso de la capital, ese que atrae a turistas de medio mundo morbosamente fascinados por nuestros difuntos mejor conservados, espera su turno con la misma serenidad de sus inquilinos.

Hay una ironía deliciosa en todo esto. Las momias son, por definición, lo que sobrevive al tiempo. Resistieron la humedad, los minerales, las décadas, las miradas de generaciones de niños traumados en excursión escolar. Lo único que no han logrado vencer es el trámite. El INAH y su visto bueno son más implacables que cualquier proceso de momificación natural. A este paso, la siguiente generación de momias va a ingresar al museo antes de que terminen de remodelarlo, y entonces sí tendremos rotación de inventario.

Mientras tanto, en el mismo estado se anuncian inversiones mineras por más de mil 500 millones de dólares y proyectos energéticos de mil 692 megawatts. El dinero fluye con elegancia hacia el cerro, pero para la museografía de la atracción turística estrella, el reloj se detuvo. Quizá la solución sea pragmática: cobrar la entrada como obra interactiva. «Visite el Museo de las Momias y viva en carne propia la experiencia inmersiva de una rehabilitación detenida». Que el visitante espere parado, contemple los costos crecientes proyectados en la pared y entienda, de cuerpo presente, qué se siente ser una momia guanajuatense aguardando que el presupuesto resucite.