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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 21 de septiembre de 2026

La cebolla ya te hace llorar dos veces: una al picarla y otra al pagarla

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Hay noticias que se sienten en el bolsillo y otras que se sienten en el lagrimal. Esta las junta. La Procuraduría Federal del Consumidor confirmó lo que las cocinas del país intuían desde hacía semanas con los ojos irritados: el kilo de cebolla trepó hasta los 70 pesos en supermercados y, con toda desfachatez, rebasó el precio del kilo de pierna y muslo de pollo. Sí, leyó bien: hoy sale más barato el ave entera que el condimento que la acompaña. La pirámide alimenticia se paró de cabeza y nadie firmó la autorización.

En los mercados públicos la hortaliza no baja de 50 pesos, así que el marchante ya no vende por kilo sino por unidad, como quien despacha joyería fina. 'Deme dos cebollitas, para el guiso de la semana', pide el cliente, y el comerciante las envuelve casi en papel de seda. El Inegi remató el diagnóstico: la cebolla se encareció más de 32 por ciento tan solo en agosto y arrastra un alza anual arriba del 66 por ciento. Es, oficialmente, el ingrediente más inflacionario del sofrito nacional.

Lo entrañable del asunto es que la cebolla es democrática: está en el taco, en la salsa, en el caldo, en la torta y en el pico de gallo del domingo. No hay platillo mexicano que se salve de su influencia, ni presupuesto familiar que no la resienta. Antes uno lloraba al cortarla por reflejo; ahora llora por anticipado, revisando el ticket antes de siquiera prender la estufa. El picante lo pone el chile, pero el drama lo pone la báscula.

Así que si esta semana su salsa sabe un poco más sosa, no culpe al cocinero: culpe a la macroeconomía. La receta de la abuela sigue intacta, lo que cambió fue el costo de sentimentalizarla. Y mientras el pollo mira desde el refrigerador, digno y por fin más accesible, la humilde cebolla se convirtió en el lujo silencioso de la despensa mexicana. Un básico que ya se compra con la misma cara de resignación con que se paga la tenencia.