La gasolina se volvió de colección y el huachicol no cabe en el discurso
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Hay pocas cosas más regias que hacer fila. Fila en la tortillería, fila en el banco y ahora, gracias a un fin de semana movidito, fila en la gasolinera. En Montemorelos, un operativo de autoridades federales suspendió las bombas despachadoras de varias estaciones y dejó a los automovilistas dando vueltas de un negocio a otro buscando dónde cargar, en una especie de peregrinación con el indicador en rojo.
Por si Montemorelos se sentía solo, la Región Cítricola aportó lo suyo: alrededor de cuatro gasolineras amanecieron aseguradas en distintos municipios, con personal federal colocando los sellos correspondientes desde temprano. Nada como abrir la cortina del negocio y encontrarse a la Federación estrenando cinta amarilla.
Aquí conviene ser prudentes, porque la ley presume inocencia y nosotros presumimos sentido del humor, no otra cosa. No sabemos qué encontraron ni qué dejarán de encontrar; eso lo dirán las autoridades a su debido tiempo, que en México es un tiempo elástico. Lo que sí sabemos es que las columnas locales ya bautizaron el ambiente con una frase perfecta: el huachicol que no cabe en el discurso. Y es que ese es el detalle: mientras el combustible se pone escaso, la explicación oficial se pone escurridiza.
Uno diría que un operativo así viene acompañado de un boletín largo, con nombres, cifras y una conferencia donde alguien golpea el atril. En vez de eso, tenemos aseguramientos preliminares, información que se dará a conocer y automovilistas que solo querían llenar el tanque para ir por los niños. El ciudadano, como siempre, es el convidado de piedra: no participó del negocio, pero sí de la fila.
Ojalá el saldo de todo esto sea el que promete la retórica: gasolineras más limpias, litros más honestos y menos trasiego por debajo de la mesa. Ojalá. Porque si algo aprendimos en el noreste es que entre el discurso y la bomba despachadora suele haber un ducto clandestino de buenas intenciones. Por lo pronto, cargue temprano, cargue cerca y no confíe en el indicador: en Nuevo León, hasta el tanque lleno viene con letra chica.
Por si Montemorelos se sentía solo, la Región Cítricola aportó lo suyo: alrededor de cuatro gasolineras amanecieron aseguradas en distintos municipios, con personal federal colocando los sellos correspondientes desde temprano. Nada como abrir la cortina del negocio y encontrarse a la Federación estrenando cinta amarilla.
Aquí conviene ser prudentes, porque la ley presume inocencia y nosotros presumimos sentido del humor, no otra cosa. No sabemos qué encontraron ni qué dejarán de encontrar; eso lo dirán las autoridades a su debido tiempo, que en México es un tiempo elástico. Lo que sí sabemos es que las columnas locales ya bautizaron el ambiente con una frase perfecta: el huachicol que no cabe en el discurso. Y es que ese es el detalle: mientras el combustible se pone escaso, la explicación oficial se pone escurridiza.
Uno diría que un operativo así viene acompañado de un boletín largo, con nombres, cifras y una conferencia donde alguien golpea el atril. En vez de eso, tenemos aseguramientos preliminares, información que se dará a conocer y automovilistas que solo querían llenar el tanque para ir por los niños. El ciudadano, como siempre, es el convidado de piedra: no participó del negocio, pero sí de la fila.
Ojalá el saldo de todo esto sea el que promete la retórica: gasolineras más limpias, litros más honestos y menos trasiego por debajo de la mesa. Ojalá. Porque si algo aprendimos en el noreste es que entre el discurso y la bomba despachadora suele haber un ducto clandestino de buenas intenciones. Por lo pronto, cargue temprano, cargue cerca y no confíe en el indicador: en Nuevo León, hasta el tanque lleno viene con letra chica.