Guanajuato le gana a Chequia en la cancha y también en la aduana
Tamaño de letra
Hubo doble fiesta y muy pocos lo notaron. Mientras la Selección Mexicana le ganaba a República Checa en el Mundial 2026 y las plazas del Bajío se pintaban de verde, en una oficina mucho menos ruidosa Guanajuato también estaba goleando a los checos: el estado reportó un aumento en sus exportaciones a República Checa, impulsadas por manufactura especializada, tecnología médica y equipo industrial. Dos por cero en el campo y, de pasada, saldo comercial a favor. Que nadie diga que aquí no sabemos rematar la jugada.
Es casi conmovedor el timing. La afición celebraba con cánticos, banderas y la euforia de un invicto histórico —tres triunfos sin recibir gol, hazaña inédita—, y la Secretaría de Economía aprovechaba para recordarnos que mientras unos festejan goles, otros facturan contenedores. Resulta que la misma semana en que los checos perdían contra nuestro equipo, también nos estaban comprando tecnología médica. Les ganamos el partido y luego les vendimos el termómetro para que se tomaran la temperatura del coraje.
La nota oficial, por supuesto, asegura que esto «beneficia a miles de familias». Y ojalá así sea, porque de las exportaciones a Europa al recibo de la luz hay un trecho largo que no siempre se camina completo. Pero concedamos el momento de gloria: hay algo profundamente guanajuatense en celebrar una victoria deportiva y, sin despeinarse, convertirla en estadística de comercio exterior. Aquí hasta la euforia mundialista pasa por la calculadora de la COFOCE.
Falta nada más coordinar la narrativa. Que el próximo boletín lo firmen juntos la Selección y la Secretaría de Economía: «México vence a Chequia 2-0; Guanajuato amplía el marcador en la balanza comercial». Sería el primer comunicado bilingüe entre el futbol y la macroeconomía. Mientras tanto, brindemos —con producto local, faltaba más— por este país capaz de meterle gol a un rival y, en el mismo movimiento, mandarle la factura. Si la diplomacia fuera futbol, ya estaríamos en cuartos de final. Y si fuera comercio exterior, también.
Es casi conmovedor el timing. La afición celebraba con cánticos, banderas y la euforia de un invicto histórico —tres triunfos sin recibir gol, hazaña inédita—, y la Secretaría de Economía aprovechaba para recordarnos que mientras unos festejan goles, otros facturan contenedores. Resulta que la misma semana en que los checos perdían contra nuestro equipo, también nos estaban comprando tecnología médica. Les ganamos el partido y luego les vendimos el termómetro para que se tomaran la temperatura del coraje.
La nota oficial, por supuesto, asegura que esto «beneficia a miles de familias». Y ojalá así sea, porque de las exportaciones a Europa al recibo de la luz hay un trecho largo que no siempre se camina completo. Pero concedamos el momento de gloria: hay algo profundamente guanajuatense en celebrar una victoria deportiva y, sin despeinarse, convertirla en estadística de comercio exterior. Aquí hasta la euforia mundialista pasa por la calculadora de la COFOCE.
Falta nada más coordinar la narrativa. Que el próximo boletín lo firmen juntos la Selección y la Secretaría de Economía: «México vence a Chequia 2-0; Guanajuato amplía el marcador en la balanza comercial». Sería el primer comunicado bilingüe entre el futbol y la macroeconomía. Mientras tanto, brindemos —con producto local, faltaba más— por este país capaz de meterle gol a un rival y, en el mismo movimiento, mandarle la factura. Si la diplomacia fuera futbol, ya estaríamos en cuartos de final. Y si fuera comercio exterior, también.