Todos suben de categoría: Polo, los horóscopos y el cinismo
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Amaneció Jalisco este martes con dos certezas astronómicas: entró el otoño y, según por lo menos tres videntes con acceso a periódico, también entró la abundancia. Porque si algo sobra en la prensa de hoy no es información sobre el huracán que nos ronda, sino instrucciones precisas de Mhoni y de Mizada sobre qué número jugar y con qué signo cobrar. Uno abre el diario buscando a qué hora suspenden clases y termina enterándose de que Libra por fin destrabará “esa libertad financiera que viene buscando desde el año pasado”. Gracias. Muy útil para amarrar el tinaco.
Hablando de amarrar cosas: el protagonista del día es Polo, el huracán que subió de categoría con una velocidad que ya quisieran los emprendedores premiados esta semana por el Gobierno del Estado. El detalle es que nadie se pone de acuerdo en qué categoría trae. Dependiendo del medio que abras, Polo amaneció en categoría 1, en categoría 2 o, si le crees al titular más entusiasta, en categoría 4, mientras otro ya pregunta con voz de teaser de telenovela “¿cuándo llegará a la 5?”. Es el único fenómeno del país que asciende de puesto sin encuesta de por medio. Y por si faltara épica, mandaron un avión cazahuracanes a estudiarlo, se activó el Plan Marina, Protección Civil encendió la alerta azul y abrió decenas de albergues, todo para un meteoro que, según los mismos pronósticos, no piensa tocar tierra: va a pasar frente a la costa saludando de lejos, como pariente que avisa que “ahí va cayendo” y nomás deja lluvia y sustos. Lo bueno: por fin algo en Jalisco se mueve con protocolo.
Mientras Polo hacía su carrera meteórica, en Puerto Vallarta ocurría el acto más honesto del capitalismo mexicano: alguien puso una pantalla publicitaria gigante arriba de un barco y la plantó frente a la bahía. Sí, en pleno mar. El regidor y la Semarnat salieron con la consigna “el mar es vida, no publicidad”, frase que suena a playera pero describe el nivel de distopía al que llegamos: ya no basta con tapizar los camellones, ahora hay que anunciar en el horizonte por si el atardecer no vendía suficiente. Y aquí viene lo jugoso: trascendió que detrás del barco-pantalla estaría la misma red empresarial que en abril clavó una veintena de estructuras tipo señalética a medianoche sobre el bulevar. O sea que el problema no era la creatividad, era la ubicación. Pasaron de la banqueta al océano en un semestre. Al ritmo que van, el año que entra la pantalla estará orbitando.
De honestidad, otro maestro: el senador que desde Nayarit posteó “Vean cómo sufro” mientras presumía restaurante en San Blas, en plena gira por el informe del gobernador. Es la síntesis perfecta de la austeridad contemporánea: se padece, sí, pero se padece con mariscos. El pueblo, agradecido, lo recibió en la Terminal 2 del aeropuerto capitalino con una porra que no venía en el itinerario. Sufrir frente a un plato y que te griten cosas en el pasillo de abordar: eso es entregarse al servicio público.
En la capital, la Presidenta pidió a los morenistas inconformes “serenarse” porque, aseguró, no hay dedazo en la elección de coordinadores estatales rumbo al 2027, solo encuestas. Nada tranquiliza más a un partido en disputa que le digan que respire hondo y confíe en la metodología. “Siempre habrá inconformidad”, reconoció, con el tono de quien reparte pastel y jura que los pedazos salieron parejos por pura estadística.
Y en el terreno de las epopeyas federales, dos columnistas coincidieron en desarmar el “decomiso histórico de huachicol” en Guanajuato: 59 millones de litros que la FGR vendió como el mayor contrabando de la historia y que, trece días de retraso y una planta sin clausurar después, empieza a oler más a distractor que a golpe maestro. Cuando tu operativo estelar genera más preguntas que un horóscopo de fin de semana, algo salió mal.
Cierro con la noticia que unirá generaciones en el luto: a partir del 3 de noviembre, adiós al celular en el recreo de primarias y secundarias. La SEP aclara que no lo prohíbe, solo lo “restringe”, ese verbo mexicano que significa “prohibido pero sin admitirlo”. Jalisco, como siempre, ya se adelantó. Habrá que ver si los niños sobreviven quince minutos sin TikTok o si, ante la abstinencia, redescubren la torta, el trompo y el arte perdido de mirar por la ventana. Los maestros, por su parte, celebran: quizá el recreo por fin vuelva a ser recreo. Los astros no lo vieron venir.
Hablando de amarrar cosas: el protagonista del día es Polo, el huracán que subió de categoría con una velocidad que ya quisieran los emprendedores premiados esta semana por el Gobierno del Estado. El detalle es que nadie se pone de acuerdo en qué categoría trae. Dependiendo del medio que abras, Polo amaneció en categoría 1, en categoría 2 o, si le crees al titular más entusiasta, en categoría 4, mientras otro ya pregunta con voz de teaser de telenovela “¿cuándo llegará a la 5?”. Es el único fenómeno del país que asciende de puesto sin encuesta de por medio. Y por si faltara épica, mandaron un avión cazahuracanes a estudiarlo, se activó el Plan Marina, Protección Civil encendió la alerta azul y abrió decenas de albergues, todo para un meteoro que, según los mismos pronósticos, no piensa tocar tierra: va a pasar frente a la costa saludando de lejos, como pariente que avisa que “ahí va cayendo” y nomás deja lluvia y sustos. Lo bueno: por fin algo en Jalisco se mueve con protocolo.
Mientras Polo hacía su carrera meteórica, en Puerto Vallarta ocurría el acto más honesto del capitalismo mexicano: alguien puso una pantalla publicitaria gigante arriba de un barco y la plantó frente a la bahía. Sí, en pleno mar. El regidor y la Semarnat salieron con la consigna “el mar es vida, no publicidad”, frase que suena a playera pero describe el nivel de distopía al que llegamos: ya no basta con tapizar los camellones, ahora hay que anunciar en el horizonte por si el atardecer no vendía suficiente. Y aquí viene lo jugoso: trascendió que detrás del barco-pantalla estaría la misma red empresarial que en abril clavó una veintena de estructuras tipo señalética a medianoche sobre el bulevar. O sea que el problema no era la creatividad, era la ubicación. Pasaron de la banqueta al océano en un semestre. Al ritmo que van, el año que entra la pantalla estará orbitando.
De honestidad, otro maestro: el senador que desde Nayarit posteó “Vean cómo sufro” mientras presumía restaurante en San Blas, en plena gira por el informe del gobernador. Es la síntesis perfecta de la austeridad contemporánea: se padece, sí, pero se padece con mariscos. El pueblo, agradecido, lo recibió en la Terminal 2 del aeropuerto capitalino con una porra que no venía en el itinerario. Sufrir frente a un plato y que te griten cosas en el pasillo de abordar: eso es entregarse al servicio público.
En la capital, la Presidenta pidió a los morenistas inconformes “serenarse” porque, aseguró, no hay dedazo en la elección de coordinadores estatales rumbo al 2027, solo encuestas. Nada tranquiliza más a un partido en disputa que le digan que respire hondo y confíe en la metodología. “Siempre habrá inconformidad”, reconoció, con el tono de quien reparte pastel y jura que los pedazos salieron parejos por pura estadística.
Y en el terreno de las epopeyas federales, dos columnistas coincidieron en desarmar el “decomiso histórico de huachicol” en Guanajuato: 59 millones de litros que la FGR vendió como el mayor contrabando de la historia y que, trece días de retraso y una planta sin clausurar después, empieza a oler más a distractor que a golpe maestro. Cuando tu operativo estelar genera más preguntas que un horóscopo de fin de semana, algo salió mal.
Cierro con la noticia que unirá generaciones en el luto: a partir del 3 de noviembre, adiós al celular en el recreo de primarias y secundarias. La SEP aclara que no lo prohíbe, solo lo “restringe”, ese verbo mexicano que significa “prohibido pero sin admitirlo”. Jalisco, como siempre, ya se adelantó. Habrá que ver si los niños sobreviven quince minutos sin TikTok o si, ante la abstinencia, redescubren la torta, el trompo y el arte perdido de mirar por la ventana. Los maestros, por su parte, celebran: quizá el recreo por fin vuelva a ser recreo. Los astros no lo vieron venir.