Ingresar | Crear cuenta

El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Jalisco • Nota • 22 de septiembre de 2026

El vía crucis del senador: una cruz, cuatro camarones y un vuelo a Nayarit

Tamaño de letra
Hay funcionarios que entienden el sacrificio como una vocación silenciosa. Y hay otros que lo documentan en tiempo real, con foto, geolocalización y platón de mariscos. El senador que esta semana escribió “Vean cómo sufro” desde un restaurante de San Blas pertenece, orgullosamente, a la segunda categoría.

El contexto lo mejora todo: andaba en Nayarit por el informe del gobernador, es decir, en horario laboral de la República, cuando decidió compartir con el pueblo la dureza de su misión frente al mar. “Vean cómo sufro”, dijo, y por una vez tuvo razón: no hay nada más doloroso que la austeridad republicana cuando te obliga a padecer camarones a la orilla de la playa. Un mártir moderno. San Sebastián tenía flechas; este tiene menú del día.

El problema de presumir el sufrimiento es que el público a veces lo toma literal. Y así, cuando el senador pasó por la Terminal 2 del aeropuerto capitalino, un grupo de ciudadanos lo recibió con una porra que no estaba en el guion: le gritaron “corrupto” con un entusiasmo que ya quisieran los conciertos que se anuncian en Guadalajara esta semana. El vía crucis, entonces, se completó: primero la penitencia gastronómica, después el abucheo en el pasillo de abordar. Solo faltó que alguien le ofreciera una corona de laurel para la selfie.

Uno entiende el dilema existencial. ¿Para qué sirve un sacrificio si nadie lo ve? La austeridad, en su versión clásica, era discreta: se padecía en privado y punto. La versión contemporánea exige testigos, likes y una story que certifique el martirio. De ahí la genialidad involuntaria de la frase: “vean cómo sufro” no es una queja, es una convocatoria. Está pidiendo audiencia para su calvario.

Y el pueblo, obediente, vio. Vio el restaurante, vio el plato, vio la playa, vio el estado al que fue de gira. Lo vio todo, y sacó sus conclusiones en el aeropuerto. Porque en este país la gente podrá creer o no en los horóscopos que hoy llenan los periódicos, pero tiene un sexto sentido finísimo para detectar cuándo alguien sufre… con vista al mar y cuenta pagada. La próxima vez, quizá convenga sufrir sin flash. O al menos, sin etiquetar la ubicación.