58 millones de pesos para que llegues 16 minutos más tarde
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Hay inversiones públicas que fallan. Y luego está la avenida Santa Fe, en la capital, donde 58 millones de pesos en semáforos consiguieron algo que ni el peor día de lluvia había logrado: convertir un traslado de 9 minutos en uno de hasta 25. Es un logro. Con ese dinero uno esperaría, mínimo, teletransportación; en cambio, nos entregaron la máquina del tiempo, pero solo hacia atrás y contra tu voluntad.
El cruce donde confluyen Santa Fe, el camino a Cervera y el acceso a la Fiscalía luce moderno, eso no se lo quita nadie. El problema son los detalles. Primero, algunas bases de los semáforos quedaron montadas sobre la banqueta, ese lugar histórico por donde la leyenda dice que antes caminaba la gente. Segundo —y aquí viene el toque maestro— el carril que reurbanizaron para 'agilizar' la circulación dejó un tramo con tierra que hoy presume baches profundos. Verde para avanzar, bache para recordarte tu lugar en el mundo.
La coreografía es digna de estudio: cuando el semáforo te deja seguir derecho hacia la caseta o el libramiento de Las Teresas, el foco premia tu paciencia con un carril donde la suspensión de tu coche redacta su carta de renuncia. Todo muy práctico en el render. En la vida real, es un circuito de obstáculos con semáforo incluido.
Uno entiende que urbanizar es difícil. Lo que cuesta más trabajo entender es cómo se gastan 58 millones de pesos y el resultado neto es que la ciudad se mueve más lento y con más agujeros que antes. En cualquier otro lado eso se llamaría retroceso; aquí, seguramente, se inaugurará con listón y aplausos. Porque en Guanajuato la obra pública no se mide en fluidez, se mide en placas conmemorativas.
Sugerencia humilde a la autoridad: si de todos modos vamos a tardar 25 minutos, pongan una banca y un puesto de elotes en el bache más profundo. Que al menos la espera tenga botana. Cincuenta y ocho millones dan para eso y para que, por fin, algo en la Santa Fe funcione.
El cruce donde confluyen Santa Fe, el camino a Cervera y el acceso a la Fiscalía luce moderno, eso no se lo quita nadie. El problema son los detalles. Primero, algunas bases de los semáforos quedaron montadas sobre la banqueta, ese lugar histórico por donde la leyenda dice que antes caminaba la gente. Segundo —y aquí viene el toque maestro— el carril que reurbanizaron para 'agilizar' la circulación dejó un tramo con tierra que hoy presume baches profundos. Verde para avanzar, bache para recordarte tu lugar en el mundo.
La coreografía es digna de estudio: cuando el semáforo te deja seguir derecho hacia la caseta o el libramiento de Las Teresas, el foco premia tu paciencia con un carril donde la suspensión de tu coche redacta su carta de renuncia. Todo muy práctico en el render. En la vida real, es un circuito de obstáculos con semáforo incluido.
Uno entiende que urbanizar es difícil. Lo que cuesta más trabajo entender es cómo se gastan 58 millones de pesos y el resultado neto es que la ciudad se mueve más lento y con más agujeros que antes. En cualquier otro lado eso se llamaría retroceso; aquí, seguramente, se inaugurará con listón y aplausos. Porque en Guanajuato la obra pública no se mide en fluidez, se mide en placas conmemorativas.
Sugerencia humilde a la autoridad: si de todos modos vamos a tardar 25 minutos, pongan una banca y un puesto de elotes en el bache más profundo. Que al menos la espera tenga botana. Cincuenta y ocho millones dan para eso y para que, por fin, algo en la Santa Fe funcione.