El PAN no despenaliza el aborto, pero deja la puerta abierta para que lo haga la Corte
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Se cumplió el pronóstico, que en el Congreso de Guanajuato ya es casi un género literario. La mayoría panista volvió a bajar del orden del día la despenalización del aborto en la comisión de Justicia, por segunda ocasión, con tres votos emitidos vía remota. Es decir: la decisión de no decidir se tomó desde la comodidad del hogar. Teletrabajo aplicado a la parálisis legislativa.
La estrategia es de una elegancia perversa. Al no legislar antes del 30 de septiembre, el asunto no saldrá de una reforma local, sino de una Declaratoria General de Inconstitucionalidad de la Suprema Corte, que expulsará el delito del Código Penal de oficio. Traducción: el PAN mantiene su bandera intacta, no mueve un dedo y deja que la Corte cargue con el costo político. Se lavan las manos con agua bendita y toalla ajena.
Es la vieja táctica del compañero que en el trabajo en equipo no hace nada, pero se cuida de no oponerse de frente para que, cuando el proyecto salga, nadie pueda echarle la culpa directa. 'Yo voté por sacarlo del orden del día', dirán, mientras la Corte hace la tarea que ellos, teniendo mayoría, decidieron no tocar ni con guante.
Morena acusa bloqueo, y no le falta razón aritmética: con la mayoría panista, sus aliados satélite y una diputada 'sin partido' convertida en fiel de la balanza, el desenlace estaba escrito desde antes de la sesión. Aquí el suspenso no existe; existe el trámite.
Al final, el resultado será el mismo que si hubieran legislado: la despenalización llegará. La diferencia es de autoría. El PAN prefiere que la historia registre que fue la Corte —y no ellos— quien movió la pieza. Convicciones firmes, siempre y cuando las ejecute alguien más. En Guanajuato, hasta para no hacer nada se necesita estrategia.
La estrategia es de una elegancia perversa. Al no legislar antes del 30 de septiembre, el asunto no saldrá de una reforma local, sino de una Declaratoria General de Inconstitucionalidad de la Suprema Corte, que expulsará el delito del Código Penal de oficio. Traducción: el PAN mantiene su bandera intacta, no mueve un dedo y deja que la Corte cargue con el costo político. Se lavan las manos con agua bendita y toalla ajena.
Es la vieja táctica del compañero que en el trabajo en equipo no hace nada, pero se cuida de no oponerse de frente para que, cuando el proyecto salga, nadie pueda echarle la culpa directa. 'Yo voté por sacarlo del orden del día', dirán, mientras la Corte hace la tarea que ellos, teniendo mayoría, decidieron no tocar ni con guante.
Morena acusa bloqueo, y no le falta razón aritmética: con la mayoría panista, sus aliados satélite y una diputada 'sin partido' convertida en fiel de la balanza, el desenlace estaba escrito desde antes de la sesión. Aquí el suspenso no existe; existe el trámite.
Al final, el resultado será el mismo que si hubieran legislado: la despenalización llegará. La diferencia es de autoría. El PAN prefiere que la historia registre que fue la Corte —y no ellos— quien movió la pieza. Convicciones firmes, siempre y cuando las ejecute alguien más. En Guanajuato, hasta para no hacer nada se necesita estrategia.