Cincuenta y nueve millones de litros y un ‘confíen en mí’: la aritmética del combustible lícito
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En Guanajuato apareció uno de esos números que no caben en ninguna cajuela: 59 millones de litros de combustible presuntamente robado, localizados en una planta del Grupo SIMSA en San José Iturbide. La empresa reaccionó con una defensa de manual: emitió un comunicado afirmando que el hidrocarburo es lícito y que ya entregó todas las pruebas a la FGR. Nada como responder a 59 millones de litros con un cordial confíen en nosotros.
La gobernadora Libia Dennise García no compró el argumento. Aclaró que la legalidad no se acredita por comunicado, sino con documentos: facturas de Pemex o cartas de importación. En sus palabras, no es lo que una empresa diga, son los documentos que presente para acreditarlos. Sentido común elevado a rango de noticia, lo cual dice mucho del país.
Por si el volumen no impresionaba, apenas unos días después las fuerzas estatales y la Guardia Nacional localizaron una toma clandestina en Villagrán, con al menos 12 mil litros más de presunto combustible y varios vehículos. O sea que, mientras se discute la procedencia del megahallazgo, el huachicol seguía operando su sucursal chica a unos kilómetros, como negocio con matriz y franquicias.
La postura oficial es tan sensata que resulta casi cómica que haya que decirla en voz alta: acumular millones de litros no es delito si demuestras de dónde salieron; el problema es cuando el papelito no aparece. En El Destiempo esperamos con paciencia la factura correspondiente, aunque sospechamos que va a tardar tanto en materializarse como un título que nunca se expidió.
La gobernadora Libia Dennise García no compró el argumento. Aclaró que la legalidad no se acredita por comunicado, sino con documentos: facturas de Pemex o cartas de importación. En sus palabras, no es lo que una empresa diga, son los documentos que presente para acreditarlos. Sentido común elevado a rango de noticia, lo cual dice mucho del país.
Por si el volumen no impresionaba, apenas unos días después las fuerzas estatales y la Guardia Nacional localizaron una toma clandestina en Villagrán, con al menos 12 mil litros más de presunto combustible y varios vehículos. O sea que, mientras se discute la procedencia del megahallazgo, el huachicol seguía operando su sucursal chica a unos kilómetros, como negocio con matriz y franquicias.
La postura oficial es tan sensata que resulta casi cómica que haya que decirla en voz alta: acumular millones de litros no es delito si demuestras de dónde salieron; el problema es cuando el papelito no aparece. En El Destiempo esperamos con paciencia la factura correspondiente, aunque sospechamos que va a tardar tanto en materializarse como un título que nunca se expidió.