San Nicolás: mucho reflector, poquito oxígeno
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Hay municipios que gastan en árboles y municipios que gastan en aplausos. San Nicolás, con una claridad de prioridades digna de estudio, eligió los aplausos. Según los propios reportes financieros del municipio, la administración destinó más de 55 millones de pesos a publicidad y eventos, contra 3.5 millones para protección ambiental. La cuenta es sencilla y demoledora: quince veces más para que se vea bien el gobierno que para que respire la gente.
El detalle es que San Nicolás no es cualquier lugar: es un municipio rodeado de industria pesada, de esos donde el aire, el suelo y el agua ya cargan con lo suyo. Aun así, aparece entre los últimos lugares —no solo del estado, sino del país— en inversión para arborización, manejo de residuos y reducción de contaminación. En otras palabras: donde más se necesita un árbol, se compró un templete.
Y entonces el universo, que es el mejor guionista satírico que existe, decidió cerrar el chiste. Durante el segundo informe del alcalde, la climatización del Teatro de la Ciudad falló, el recinto se convirtió en sauna, y una asistente se desvaneció por el calor sofocante. Léase de nuevo, despacio: el informe de un gobierno que invierte quince veces más en imagen que en medio ambiente terminó con la gente asfixiándose de calor dentro del auditorio. No hay metáfora más honesta. Si el propio recinto oficial no logró mantener el aire fresco por un par de horas, uno entiende por qué al municipio le cuesta tanto trabajo mantenerlo fresco los otros 364 días.
Se dirá, con razón, que la publicidad también informa, que los eventos convocan, que la imagen importa. Todo cierto. Pero cuesta explicarle a un pulmón que lo que necesitaba no era una campaña bonita, sino un árbol que no se compró. En San Nicolás, por ahora, el medio ambiente cotiza como partida menor y el reflector como gasto esencial. Ojalá el próximo informe traiga dos novedades: un renglón ambiental más gordo y, sobre todo, un aire acondicionado que aguante el discurso.
El detalle es que San Nicolás no es cualquier lugar: es un municipio rodeado de industria pesada, de esos donde el aire, el suelo y el agua ya cargan con lo suyo. Aun así, aparece entre los últimos lugares —no solo del estado, sino del país— en inversión para arborización, manejo de residuos y reducción de contaminación. En otras palabras: donde más se necesita un árbol, se compró un templete.
Y entonces el universo, que es el mejor guionista satírico que existe, decidió cerrar el chiste. Durante el segundo informe del alcalde, la climatización del Teatro de la Ciudad falló, el recinto se convirtió en sauna, y una asistente se desvaneció por el calor sofocante. Léase de nuevo, despacio: el informe de un gobierno que invierte quince veces más en imagen que en medio ambiente terminó con la gente asfixiándose de calor dentro del auditorio. No hay metáfora más honesta. Si el propio recinto oficial no logró mantener el aire fresco por un par de horas, uno entiende por qué al municipio le cuesta tanto trabajo mantenerlo fresco los otros 364 días.
Se dirá, con razón, que la publicidad también informa, que los eventos convocan, que la imagen importa. Todo cierto. Pero cuesta explicarle a un pulmón que lo que necesitaba no era una campaña bonita, sino un árbol que no se compró. En San Nicolás, por ahora, el medio ambiente cotiza como partida menor y el reflector como gasto esencial. Ojalá el próximo informe traiga dos novedades: un renglón ambiental más gordo y, sobre todo, un aire acondicionado que aguante el discurso.