Presupuesto 2027: todos quieren la junta, nadie manda la invitación
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El Presupuesto 2027 se está negociando con las herramientas más modernas de la política neoleonesa: el periódico, la indirecta y el visto. El gobernador convocó a los alcaldes a sentarse a dialogar sobre las finanzas del próximo año, gesto republicano y sensato. El problema empezó con la logística, ese tema menor que suele hundir a los grandes proyectos.
El alcalde de San Pedro dijo que sí, que con gusto se reúne, que está en la mejor disposición… y de paso aclaró que se enteró de la convocatoria por los medios de comunicación, porque invitación formal, lo que se dice formal, todavía no le llega. Es la escena clásica de la política mexicana: el diálogo se anuncia en rueda de prensa antes de que llegue el recado. Todos enterados por Twitter, nadie por oficio. La transparencia llegó tan rápido que rebasó a la mensajería.
Escobedo también aceptó el llamado, pero con estilo defensivo: adelantó que llevará a la mesa la lista de recursos pendientes que, asegura, le debe el estado. Es decir, va al diálogo con la calculadora prendida. Muy prudente: en Nuevo León, cuando te invitan a hablar de dinero, conviene revisar quién debe a quién antes de sentarse a la mesa.
Y por si faltaba coro, una organización ciudadana pidió lo que en teoría no debería pedirse: que se transparenten las finanzas, se aclaren las participaciones pendientes y se defina una ruta de negociación pública con tiempo, para no repetir la reconducción presupuestal que ya una vez dejó obras y servicios paralizados. Traducción: por favor, no lo dejen para diciembre otra vez. Pedir anticipación aquí es casi un acto de fe.
Lo delicioso del asunto es que el presupuesto es, literalmente, el documento más importante del año: define cuánto habrá para calles, agua, seguridad y todo lo demás. Y aun así, la conversación arrancó pareciendo pleito de vecinos que no se ponen de acuerdo ni para prestar la escalera. Ojalá el diálogo prospere, se manden las invitaciones —en papel, con sello, para que nadie se ofenda— y el 2027 llegue con números claros. Mientras tanto, todos dicen que quieren platicar. Solo falta que alguien marque el teléfono.
El alcalde de San Pedro dijo que sí, que con gusto se reúne, que está en la mejor disposición… y de paso aclaró que se enteró de la convocatoria por los medios de comunicación, porque invitación formal, lo que se dice formal, todavía no le llega. Es la escena clásica de la política mexicana: el diálogo se anuncia en rueda de prensa antes de que llegue el recado. Todos enterados por Twitter, nadie por oficio. La transparencia llegó tan rápido que rebasó a la mensajería.
Escobedo también aceptó el llamado, pero con estilo defensivo: adelantó que llevará a la mesa la lista de recursos pendientes que, asegura, le debe el estado. Es decir, va al diálogo con la calculadora prendida. Muy prudente: en Nuevo León, cuando te invitan a hablar de dinero, conviene revisar quién debe a quién antes de sentarse a la mesa.
Y por si faltaba coro, una organización ciudadana pidió lo que en teoría no debería pedirse: que se transparenten las finanzas, se aclaren las participaciones pendientes y se defina una ruta de negociación pública con tiempo, para no repetir la reconducción presupuestal que ya una vez dejó obras y servicios paralizados. Traducción: por favor, no lo dejen para diciembre otra vez. Pedir anticipación aquí es casi un acto de fe.
Lo delicioso del asunto es que el presupuesto es, literalmente, el documento más importante del año: define cuánto habrá para calles, agua, seguridad y todo lo demás. Y aun así, la conversación arrancó pareciendo pleito de vecinos que no se ponen de acuerdo ni para prestar la escalera. Ojalá el diálogo prospere, se manden las invitaciones —en papel, con sello, para que nadie se ofenda— y el 2027 llegue con números claros. Mientras tanto, todos dicen que quieren platicar. Solo falta que alguien marque el teléfono.