El huracán que suspendió clases por WhatsApp sin dignarse a llegar
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Vivimos días históricos: Jalisco fue puesto en jaque por un huracán categoría 5 que decidió no venir. Polo, el ciclón más poderoso de la escala Saffir-Simpson, con rachas reportadas de hasta 285 kilómetros por hora, se detuvo en seco sobre el Pacífico y adoptó la más noble de las posturas gubernamentales: quedarse quieto mientras todos los demás corrían. La propia Presidenta informó que, de acuerdo con la trayectoria prevista, el sistema no tocaría tierra en México. Y aun así, el operativo fue de película de desastre: más de 200 elementos de Protección Civil y 30 vehículos rumbo a Puerto Vallarta y Cihuatlán, la Marina con casi 14 mil marinos en alerta, refugios listos para casi 4 mil personas y la suspensión de clases del miércoles al viernes en 33 municipios.
Uno entiende la lógica: más vale un simulacro caro que un velorio barato, y en la costa las lluvias intensas y el oleaje sí son riesgo real. Nadie discute que se cuiden La Huerta, Cihuatlán o Talpa. El detalle exquisitamente jalisciense es el resto del estado, donde Polo se sintió sobre todo como un rumor. En Guadalajara el pronóstico marcaba 10 por ciento de probabilidad de lluvia; el mayor peligro para el tapatío promedio fue resbalar con la ansiedad ajena.
Así, Polo pasó a la historia como el primer huracán que da tres días de asueto sin presentarse a cobrarlos. Los papás de la costa, entre el alivio y la incredulidad, recibieron la orden de mantenerse atentos a los canales oficiales, esa frase que en la práctica significa 'refresca la página cada diez minutos'. Y el crucero Island Princess, obediente, reprogramó su arribo a Vallarta como quien reagenda una cita con el dentista.
Hay una épica involuntaria en preparar al ejército, a la marina y a la burocracia entera contra un enemigo que anunció que iba a pasar de noche. Bien por la prudencia; ojalá algún día pongamos la misma urgencia militar en los enemigos que sí llegan puntuales todos los años: los socavones, las inundaciones de Zapotlanejo y la cartera vencida del SIAPA. Esos no necesitan categoría 5 para hacer estragos, y jamás han tenido la decencia de quedarse estacionarios mar adentro.
Uno entiende la lógica: más vale un simulacro caro que un velorio barato, y en la costa las lluvias intensas y el oleaje sí son riesgo real. Nadie discute que se cuiden La Huerta, Cihuatlán o Talpa. El detalle exquisitamente jalisciense es el resto del estado, donde Polo se sintió sobre todo como un rumor. En Guadalajara el pronóstico marcaba 10 por ciento de probabilidad de lluvia; el mayor peligro para el tapatío promedio fue resbalar con la ansiedad ajena.
Así, Polo pasó a la historia como el primer huracán que da tres días de asueto sin presentarse a cobrarlos. Los papás de la costa, entre el alivio y la incredulidad, recibieron la orden de mantenerse atentos a los canales oficiales, esa frase que en la práctica significa 'refresca la página cada diez minutos'. Y el crucero Island Princess, obediente, reprogramó su arribo a Vallarta como quien reagenda una cita con el dentista.
Hay una épica involuntaria en preparar al ejército, a la marina y a la burocracia entera contra un enemigo que anunció que iba a pasar de noche. Bien por la prudencia; ojalá algún día pongamos la misma urgencia militar en los enemigos que sí llegan puntuales todos los años: los socavones, las inundaciones de Zapotlanejo y la cartera vencida del SIAPA. Esos no necesitan categoría 5 para hacer estragos, y jamás han tenido la decencia de quedarse estacionarios mar adentro.