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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Guanajuato • Digest • 23 de septiembre de 2026

La Liga de la Justicia del Bajío: nueve héroes, una calle y un informe que no quería salir

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Guanajuato amaneció con superpoderes. El PAN estatal presentó a sus nueve «Personas Defensoras de la Patria, la Familia y la Libertad», que es como se le dice ahora a un candidato cuando todavía no puede decirse candidato. Nueve municipios, nueve capas invisibles y un nombre tan largo que no cabe en la boleta ni en el pecho de la playera. Uno esperaría que unos defensores de la patria llegaran volando; estos llegaron, más bien, después de veinte y hasta cuarenta años de nómina pública, que también es una forma de resistencia sobrehumana: aguantar tanto tiempo en el servicio público sin cansarse jamás del servicio público.

Entre los elegidos hay diputados que reciclan escaño como quien reutiliza bolsa del súper, y hasta un exgobernador que colecciona cargos como estampas del álbum. La consulta a la militancia, aclararon los organizadores, fue «solamente uno de los componentes» del resultado; traducción libre: se les preguntó a los panistas, pero no era vinculante, que es la manera elegante de decir «gracias por opinar, aquí tienen su calcomanía». En San Francisco del Rincón el IEEG hasta recordó que ese espacio debería ser para una mujer; el PAN tomó nota, asintió con respeto y siguió repartiendo la capa donde ya la tenía apalabrada.

Mientras la Liga bajeña ensayaba su pose heroica, en El Sauz de Molina, allá por Pénjamo, se inauguraba una calle. No cualquier calle: la calle Eucalipto, cuatro millones y fracción de pesos, con su corte de listón y su frase para el mármol. «No es solo una obra de relumbrón: es dignidad y salud para sus familias», dijo la presidenta municipal, y uno se queda pensando cuánto cuesta hoy la dignidad por metro lineal. A ese precio, la banqueta debería venir con seguro de gastos médicos mayores y estacionamiento para la dignidad.

En Irapuato, entre tanto, resucitó un clásico: el puente de «La Bimbo». Después de aplazamientos que ya son tradición como el Grito, la alcaldesa anunció que las máquinas arrancan en octubre. Trescientos sesenta y cinco millones de pesos —uno por cada día del año, qué poético— para un paso sobre las vías por donde circulan cuatro mil coches cada hora. El puente lleva el mote de una panificadora, así que la metáfora sale sola: llevamos años esperando que este pan levante.

El drama más tenso de la semana se cocinó en Huanímaro, donde el informe de gobierno estuvo a punto de no existir. Cinco regidores y el síndico se plantaron y no daban luz verde a la glosa, y a menos de quince días del plazo legal el municipio seguía sin fecha, sin sede y sin ganas. Finalmente hubo humo blanco: será el 30 de septiembre, a las cuatro de la tarde, en el jardín principal. Porque en la política guanajuatense hasta rendir cuentas de lo que uno hizo requiere primero una negociación digna de tratado internacional.

Hubo, para no perder la fe, buenas noticias con letra chica. El Congreso develó señalética en otomí y chichimeca jonaz, un gesto bonito para visibilizar a los pueblos originarios; ahora falta que los discursos también se traduzcan a un idioma que la gente entienda. La Secretaría de Educación presumió que la lectura entre estudiantes pasó del 66 al 88 por ciento, cifra que celebramos con entusiasmo y con la secreta esperanza de que, entre los que ya leen, estén los que aprueban los presupuestos. Y Transparencia para la Gente informó que el 84 por ciento de las inconformidades ciudadanas terminó modificando la respuesta de la autoridad; es decir, ocho de cada diez veces la primera respuesta oficial estaba, cómo decirlo con cariño, incompleta.

Cerramos con el mejor termómetro del sexenio: en Irapuato, el Movimiento Social Organizado aplazó su protesta contra el segundo informe y, de paso, calificó al gobierno municipal con un contundente cuatro. Un cuatro. Ni reprobado del todo ni aprobado jamás: el limbo perfecto, la calificación que uno le pone al que «le echa ganas pero no entrega la tarea». Nuestros nueve defensores de la patria harían bien en anotarlo en su bitácora de superhéroes: en este estado, el villano más difícil de vencer sigue siendo la boleta de calificaciones de los ciudadanos.