El Señor de la T y el arte michoacano de pasar desapercibido
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Hay noticias que uno agradece por su honestidad institucional, y esta es una de ellas. La Fiscalía General del Estado reconoció que Morelia se ha convertido en punto de llegada para objetivos criminales que buscan 'pasar desapercibidos entre la población'. Los hermanos identificados como Sierra 1 y Sierra 2, y el flamante Manuel Alejandro N, alias El Señor de la T, encabezan la lista de quienes eligieron la capital michoacana para hacer lo que en cualquier folleto turístico se llamaría 'una escapada tranquila'.
Llama la atención el verbo elegido por la autoridad: mimetizarse. Es un término de documental de naturaleza, de esos donde el camaleón cambia de color y el narrador susurra para no espantarlo. Y sin embargo describe con precisión quirúrgica lo que ocurre: sujetos que, en lugar de esconderse en la sierra, deciden que el mejor escondite es la esquina de la colonia, entre el señor de los tamales y la fila del cajero. El hampa descubrió lo que a los sociólogos les tomó décadas escribir: en la ciudad, nadie voltea a ver a nadie.
El encargado de despacho, Israel Vega Rodríguez, explicó que el reto consiste en identificar estos perfiles 'antes de que puedan consolidar operaciones en la capital'. Consolidar operaciones. Como si habláramos de una franquicia que busca punto de venta, estudio de mercado y quizá una modesta campaña de inauguración. Uno casi espera que la próxima conferencia incluya proyecciones trimestrales y un análisis de mercado.
Seamos justos: que la autoridad lo diga en voz alta y coordine con los tres niveles de gobierno es más de lo que a veces se obtiene. El problema es el subtexto. Si la estrategia de los más buscados es volverse indistinguibles del ciudadano común, entonces el ciudadano común tiene motivos de sobra para mirar con recelo al vecino nuevo que estrena camioneta y no saluda. La paranoia, en Michoacán, no es un trastorno: es una forma avanzada de urbanidad.
Mientras la Fiscalía afina el ojo para distinguir al capo camuflado del vecino auténtico, el resto seguiremos con la tarea diaria de fingir normalidad en un estado donde la normalidad es, precisamente, lo que habría que investigar. Que tengan suerte los que buscan. Y que se mimeticen mejor los que deben, porque el disfraz de ciudadano decente, aquí, ya lo tenemos todos muy ensayado.
Llama la atención el verbo elegido por la autoridad: mimetizarse. Es un término de documental de naturaleza, de esos donde el camaleón cambia de color y el narrador susurra para no espantarlo. Y sin embargo describe con precisión quirúrgica lo que ocurre: sujetos que, en lugar de esconderse en la sierra, deciden que el mejor escondite es la esquina de la colonia, entre el señor de los tamales y la fila del cajero. El hampa descubrió lo que a los sociólogos les tomó décadas escribir: en la ciudad, nadie voltea a ver a nadie.
El encargado de despacho, Israel Vega Rodríguez, explicó que el reto consiste en identificar estos perfiles 'antes de que puedan consolidar operaciones en la capital'. Consolidar operaciones. Como si habláramos de una franquicia que busca punto de venta, estudio de mercado y quizá una modesta campaña de inauguración. Uno casi espera que la próxima conferencia incluya proyecciones trimestrales y un análisis de mercado.
Seamos justos: que la autoridad lo diga en voz alta y coordine con los tres niveles de gobierno es más de lo que a veces se obtiene. El problema es el subtexto. Si la estrategia de los más buscados es volverse indistinguibles del ciudadano común, entonces el ciudadano común tiene motivos de sobra para mirar con recelo al vecino nuevo que estrena camioneta y no saluda. La paranoia, en Michoacán, no es un trastorno: es una forma avanzada de urbanidad.
Mientras la Fiscalía afina el ojo para distinguir al capo camuflado del vecino auténtico, el resto seguiremos con la tarea diaria de fingir normalidad en un estado donde la normalidad es, precisamente, lo que habría que investigar. Que tengan suerte los que buscan. Y que se mimeticen mejor los que deben, porque el disfraz de ciudadano decente, aquí, ya lo tenemos todos muy ensayado.