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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Michoacán • Nota • 23 de septiembre de 2026

Diputados deciden que para gobernar México hay que ser 100% mexicano

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La Cámara de Diputados resolvió uno de los grandes misterios que atormentaban a la República: resulta que, para gobernar México, conviene ser mexicano. Con 344 votos a favor, 116 en contra y una abstención —siempre hay quien prefiere no comprometerse ni con su propio pasaporte—, se aprobó prohibir la doble nacionalidad a candidatos a la presidencia, gubernaturas y jefaturas de gobierno. La disposición exige renunciar a 'cualquier otra nacionalidad que no sea la mexicana'.

Uno imagina el debate previo con cierta ternura. Debió existir un legislador que, a media sesión, se preguntó en voz alta si el problema más urgente del país era la posibilidad de que un aspirante guardara, en un cajón, un segundo pasaporte por si las cosas se ponían feas. Porque hay que decirlo: la medida parte de una premisa conmovedoramente optimista, la de que nuestros gobernantes tienen a dónde huir y que, de tenerlo, lo declararían.

El dictamen lo presentó Leonel Godoy Rangel, morenista y presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, con el aire de quien blinda la soberanía a golpe de acta notarial. Y en efecto: a partir de ahora la mexicanidad de nuestros candidatos será verificable, sellada y de preferencia con copia certificada. Un patriotismo de ventanilla, que se acredita como se acredita el comprobante de domicilio.

Lo entrañable del asunto es la fe implícita en el documento. Como si el compromiso con un país se midiera por la ausencia de papeles alternativos y no por, digamos, la calidad de sus resultados. Un gobernante puede dejar un estado endeudado, inseguro y con baches que ya tienen nombre propio, pero podrá dormir tranquilo sabiendo que lo hizo con un solo pasaporte, orgullosamente monógamo en materia de nacionalidad.

Que nadie lo malinterprete: la exigencia de lealtad nacional suena impecable en el discurso, y a los aplausos nadie les cobra. La duda, la de siempre, es de prioridades. Mientras el Congreso legisla contra el fantasma del candidato binacional, el ciudadano de a pie sigue esperando leyes contra fantasmas más tangibles: el del recibo de luz, el del transporte que no llega, el de la obra que se inaugura tres veces. Pero esos, al parecer, no se resuelven con una renuncia firmada. Ojalá bastara.

Bienvenidos al país donde, para mandar, ya solo hay que querer a México. Con eso, y con los votos suficientes, alcanza.