Física cuántica en la urna: el misterio de las boletas que entraron planchadas
Tamaño de letra
Hay preguntas que definen a una civilización. '¿Estamos solos en el universo?'. '¿Qué había antes del Big Bang?'. Y ahora, cortesía del proceso electoral chihuahuense, una nueva para el panteón del pensamiento humano: 'Si está plana, ¿cómo entró la boleta a la urna?'.
La formuló nada menos que la presidenta del Instituto Estatal Electoral, al reconocer que las llamadas 'boletas planchadas' que aparecieron en algunas casillas efectivamente generan sospecha. Y con razón. Toda la logística electoral —el doblez ritual del ciudadano, la ranura estrecha, el gesto solemne de depositar el voto— está diseñada alrededor de un papel que se pliega. La boleta doblada es, digámoslo, el estado natural del sufragio mexicano. Que aparezcan boletas lisitas, sin una arruga, planchadas con la devoción de una camisa de domingo, rompe las leyes conocidas del origami democrático.
Ante semejante acertijo, la autoridad electoral optó por la salida más valiente: no resolverlo. La validez o nulidad de estas boletas quedará a criterio de los consejos distritales, que deliberarán más adelante. Es decir, el enigma físico-jurídico de cómo un papel sin doblez atravesó una ranura pensada para papeles doblados será dirimido por un comité. Ojalá incluyan a un ingeniero, o al menos a alguien que haya usado una plancha.
Lo delicioso del asunto es que los propios partidos ya pusieron el argumento sobre la mesa: si están planchadas, evidentemente deberían anularse, porque ¿cómo entraron? La presidenta, con cautela de funambulista, aclaró que 'no quiere decir que desde el principio vayan a ser válidas o no'. Traducción del lenguaje institucional al español de a pie: no sabemos, veremos, pregunten luego.
En El Destiempo aplaudimos esta honestidad. Es refrescante que una autoridad admita que hay boletas comportándose de manera sospechosa dentro de las urnas y que la respuesta oficial sea, básicamente, un encogimiento de hombros programado para sesión posterior. La democracia chihuahuense avanza, aunque a veces avance planchadita y sin un solo pliegue que la delate. Habrá que esperar la deliberación distrital para saber si en Chihuahua las urnas admiten milagros de tintorería o si, como sospecha cualquiera con dos dedos de frente, una boleta que entra sin doblarse tiene algo que explicar. Mientras tanto, guarde su plancha lejos de las casillas.
La formuló nada menos que la presidenta del Instituto Estatal Electoral, al reconocer que las llamadas 'boletas planchadas' que aparecieron en algunas casillas efectivamente generan sospecha. Y con razón. Toda la logística electoral —el doblez ritual del ciudadano, la ranura estrecha, el gesto solemne de depositar el voto— está diseñada alrededor de un papel que se pliega. La boleta doblada es, digámoslo, el estado natural del sufragio mexicano. Que aparezcan boletas lisitas, sin una arruga, planchadas con la devoción de una camisa de domingo, rompe las leyes conocidas del origami democrático.
Ante semejante acertijo, la autoridad electoral optó por la salida más valiente: no resolverlo. La validez o nulidad de estas boletas quedará a criterio de los consejos distritales, que deliberarán más adelante. Es decir, el enigma físico-jurídico de cómo un papel sin doblez atravesó una ranura pensada para papeles doblados será dirimido por un comité. Ojalá incluyan a un ingeniero, o al menos a alguien que haya usado una plancha.
Lo delicioso del asunto es que los propios partidos ya pusieron el argumento sobre la mesa: si están planchadas, evidentemente deberían anularse, porque ¿cómo entraron? La presidenta, con cautela de funambulista, aclaró que 'no quiere decir que desde el principio vayan a ser válidas o no'. Traducción del lenguaje institucional al español de a pie: no sabemos, veremos, pregunten luego.
En El Destiempo aplaudimos esta honestidad. Es refrescante que una autoridad admita que hay boletas comportándose de manera sospechosa dentro de las urnas y que la respuesta oficial sea, básicamente, un encogimiento de hombros programado para sesión posterior. La democracia chihuahuense avanza, aunque a veces avance planchadita y sin un solo pliegue que la delate. Habrá que esperar la deliberación distrital para saber si en Chihuahua las urnas admiten milagros de tintorería o si, como sospecha cualquiera con dos dedos de frente, una boleta que entra sin doblarse tiene algo que explicar. Mientras tanto, guarde su plancha lejos de las casillas.