No contaban con su astucia: le quitan el Chapulín a un movimiento político
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Todo movimiento aspiracional necesita un símbolo que inspire. Unos eligen un águila, otros una estrella, algunos una antorcha encendida. El movimiento 'Cuauhtémoc nos une' eligió, en su sabiduría, elementos del Chapulín Colorado. Y así, sin querer queriendo, se metió en un lío de propiedad intelectual.
Grupo Chespirito reclamó el uso de imágenes relacionadas con el entrañable héroe de las antenitas de vinil en el logotipo del movimiento, y la respuesta fue tan pragmática como reveladora: cambiar el logo. Fuera la silueta del justiciero más torpe y noble de la televisión mexicana; en su lugar, un corazón guinda con la palabra 'Cuauhtémoc'. De un personaje que golpeaba villanos con un chipote chillón a un corazoncito genérico de campaña. El branding político mexicano en estado puro.
Uno entiende la tentación original. El Chapulín Colorado es, después de todo, el candidato perfecto: llega tarde, nunca sabe bien qué está haciendo, improvisa a cada paso y aun así el pueblo lo quiere. El parecido con cierta clase de aspirante era, digamos, sospechosamente preciso. Quizá por eso el reclamo legal llegó tan rápido: hay marcas registradas que uno no quiere ver asociadas a según qué causas, y viceversa.
Lo que queda es una lección de mercadotecnia para todo aquel que sueñe con lanzar un movimiento ciudadano usando personajes ajenos: los derechos de autor no se andan con 'que no panda el cúnico'. El homenaje afectuoso y el uso no autorizado están separados por una carta de abogados, y esa carta llegó.
En El Destiempo lamentamos la pérdida. Había algo honesto en un movimiento que, para representarse a sí mismo, escogía a un héroe que confunde todo, tropieza con su capa y aun así insiste en salvar el día. El corazón guinda es más seguro jurídicamente, sí, pero también más aburrido: es lo que se pone cuando ya no puedes ponerte lo que de verdad te describía. Que sirva de advertencia para la próxima temporada de logotipos: antes de imprimir la lona, revise quién es el dueño del muñeco. No contaban con su astucia; los abogados, en cambio, siempre cuentan con la suya.
Grupo Chespirito reclamó el uso de imágenes relacionadas con el entrañable héroe de las antenitas de vinil en el logotipo del movimiento, y la respuesta fue tan pragmática como reveladora: cambiar el logo. Fuera la silueta del justiciero más torpe y noble de la televisión mexicana; en su lugar, un corazón guinda con la palabra 'Cuauhtémoc'. De un personaje que golpeaba villanos con un chipote chillón a un corazoncito genérico de campaña. El branding político mexicano en estado puro.
Uno entiende la tentación original. El Chapulín Colorado es, después de todo, el candidato perfecto: llega tarde, nunca sabe bien qué está haciendo, improvisa a cada paso y aun así el pueblo lo quiere. El parecido con cierta clase de aspirante era, digamos, sospechosamente preciso. Quizá por eso el reclamo legal llegó tan rápido: hay marcas registradas que uno no quiere ver asociadas a según qué causas, y viceversa.
Lo que queda es una lección de mercadotecnia para todo aquel que sueñe con lanzar un movimiento ciudadano usando personajes ajenos: los derechos de autor no se andan con 'que no panda el cúnico'. El homenaje afectuoso y el uso no autorizado están separados por una carta de abogados, y esa carta llegó.
En El Destiempo lamentamos la pérdida. Había algo honesto en un movimiento que, para representarse a sí mismo, escogía a un héroe que confunde todo, tropieza con su capa y aun así insiste en salvar el día. El corazón guinda es más seguro jurídicamente, sí, pero también más aburrido: es lo que se pone cuando ya no puedes ponerte lo que de verdad te describía. Que sirva de advertencia para la próxima temporada de logotipos: antes de imprimir la lona, revise quién es el dueño del muñeco. No contaban con su astucia; los abogados, en cambio, siempre cuentan con la suya.