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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Guanajuato • Nota • 24 de septiembre de 2026

Se fue el delegado; el huachicol ni se despidió

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Hay puestos que se calientan rápido. El de delegado de la FGR en Guanajuato, por lo visto, hierve. Juan Francisco Vera Ayala dejó la titularidad a ocho meses de haberla estrenado, un plazo tan breve que seguramente todavía no aprendía dónde estaba el baño de la oficina. Su salida, según fuentes extraoficiales —porque la FGR jamás confirma nada, es alérgica al comunicado—, llega días después de la controversia por el megadecomiso de más de 59 millones de litros de combustible en San José Iturbide.

Cincuenta y nueve millones de litros. Para que se den una idea, es una alberca olímpica de huachicol tras otra, hasta perder la cuenta. Y aun así hubo quien salió a decir que aquello fue un “montaje”. Uno se pregunta: si eso es un montaje, ¿cuál fue el presupuesto de utilería? Porque llenar una terminal de almacenamiento con líquido de mentiritas saldría más caro que la película más cara de Hollywood.

El relevo recaería en Norma Quevedo Vázquez, funcionaria de carrera, a quien le deseamos suerte y, de ser posible, un contrato con cláusula de permanencia, porque el cargo tiene una rotación de taquería en hora pico. La investigación de la terminal, por cierto, ya pasó a manos de la FEMDO, que en el organigrama es el elegante equivalente a “esto ya nos quedó grande, que lo vea otro”.

Mientras arriba se juega a las sillas musicales, abajo el guion sigue idéntico. En la carretera Irapuato-Salamanca aseguraron una pipa que, según los vecinos, cargaba hasta 20 mil litros de hidrocarburo; detuvieron al operador y hasta al chofer de un taxi que andaba cerca. Veinte mil litros aquí, cincuenta y nueve millones allá: en Guanajuato el combustible se mueve con una fluidez que ya quisiera el transporte público.

Lo notable es la coreografía: cae un decomiso histórico, alguien lo llama montaje, se va el delegado, entra otra, la carpeta cambia de escritorio y las pipas siguen rodando como si nada. Es un ballet institucional donde todos giran pero nadie avanza, y el público —o sea nosotros— aplaude sin entender bien qué acaba de pasar.

Ojalá la nueva titular dure más que un tanque lleno. Aunque en este estado, con la sed de gasolina que se carga, un tanque lleno tampoco dura demasiado.