Un detenido, dos nombres, tres millones de dólares y cero coincidencias
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Todo iba bien en la nota del gran operativo, con su despliegue por aire y tierra, su inteligencia militar y su colaboración internacional. La Defensa presumió la captura en Tepalcatepec de "Kamoni", requerido por Estados Unidos con una recompensa de tres millones de dólares y señalado como brazo cercano del "Abuelo". Un golpe de esos que se anuncian con música de fondo. El problema es que, dependiendo del diario que abras esa mañana, agarraron a personas distintas.
En una versión el detenido se llama Edgar Valeriano y es jefe regional del "Cártel de Tepalcatepec". En la otra, responde a Edgar Orozco Cabadas y comanda a "Cárteles Unidos". Mismo apodo, misma recompensa, mismo pueblo, mismo "colaborador del Abuelo"; distinta acta y distinta empresa. Uno pensaría que un sujeto por el que Washington ofrece tres millones de dólares tendría, cuando menos, un nombre acordado. Pero no: en Michoacán hasta la ficha del capo viene en dos presentaciones, como los refrescos.
La hazaña técnica no es menor. Coordinaron a la Defensa, a la Guardia Nacional, a Interpol y presuntamente a la DEA para ubicarlo con precisión milimétrica. Lo localizaron en el mapa, pero no en el registro civil. Es el operativo perfecto contra un hombre imperfectamente identificado: sabemos exactamente dónde estaba parado, no tenemos idea de cómo firmaba. Detuvieron una coordenada; el nombre sigue prófugo.
Uno entiende que en el mundo del crimen los alias abunden y los apellidos escaseen —para eso existe la célebre "N" que acompaña a medio directorio delictivo del estado—. Lo que cuesta más trabajo es que, con semejante recompensa sobre la mesa, la versión oficial y la extraoficial no se pongan de acuerdo ni en la organización a la que pertenece. O detuvieron a dos, o detuvieron a uno que hace el trabajo de dos, o alguien copió mal el pizarrón. Cualquiera de las tres opciones dice más del estado que del detenido.
Mientras los abogados desempatan la identidad, quede el consuelo: si de veras es quien creen que es, salió de circulación un pez gordo. Y si no logran ponerse de acuerdo en cuál pez fue, siempre nos quedará la certeza michoacana de siempre: aquí lo importante no es cómo se llame, sino que la foto salga bien para el boletín.
En una versión el detenido se llama Edgar Valeriano y es jefe regional del "Cártel de Tepalcatepec". En la otra, responde a Edgar Orozco Cabadas y comanda a "Cárteles Unidos". Mismo apodo, misma recompensa, mismo pueblo, mismo "colaborador del Abuelo"; distinta acta y distinta empresa. Uno pensaría que un sujeto por el que Washington ofrece tres millones de dólares tendría, cuando menos, un nombre acordado. Pero no: en Michoacán hasta la ficha del capo viene en dos presentaciones, como los refrescos.
La hazaña técnica no es menor. Coordinaron a la Defensa, a la Guardia Nacional, a Interpol y presuntamente a la DEA para ubicarlo con precisión milimétrica. Lo localizaron en el mapa, pero no en el registro civil. Es el operativo perfecto contra un hombre imperfectamente identificado: sabemos exactamente dónde estaba parado, no tenemos idea de cómo firmaba. Detuvieron una coordenada; el nombre sigue prófugo.
Uno entiende que en el mundo del crimen los alias abunden y los apellidos escaseen —para eso existe la célebre "N" que acompaña a medio directorio delictivo del estado—. Lo que cuesta más trabajo es que, con semejante recompensa sobre la mesa, la versión oficial y la extraoficial no se pongan de acuerdo ni en la organización a la que pertenece. O detuvieron a dos, o detuvieron a uno que hace el trabajo de dos, o alguien copió mal el pizarrón. Cualquiera de las tres opciones dice más del estado que del detenido.
Mientras los abogados desempatan la identidad, quede el consuelo: si de veras es quien creen que es, salió de circulación un pez gordo. Y si no logran ponerse de acuerdo en cuál pez fue, siempre nos quedará la certeza michoacana de siempre: aquí lo importante no es cómo se llame, sino que la foto salga bien para el boletín.