Sonríe, que te grabamos: el Congreso ya legalizó lo que ya pasaba
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El Congreso de Michoacán aprobó por unanimidad reformas a la Ley del Sistema Estatal de Seguridad Pública para que el titular de la SSP pueda firmar convenios con particulares —personas físicas o morales— y extender así la red de videovigilancia. La propia justificación legislativa contiene la joya del año: la iniciativa "da sustento legal a algo que a veces ya ocurre". Es decir, no inventamos nada; nomás le pusimos marco jurídico al hábito.
Detengámonos ahí, porque es puro método michoacano. Aquí el orden natural de las cosas es: primero se hace, luego se descubre que no había ley, después se aprueba la ley por unanimidad y al final se corta el listón como si fuera innovación de vanguardia. La legalidad no antecede a los hechos; los alcanza jadeando, tres paradas después. Con esta reforma, la cámara que tu vecino ya tenía apuntando a la banqueta por fin tiene su acta de bautizo.
En el papel suena de maravilla: más ojos, más vigilancia, más protección ciudadana. En un estado donde la palabra "seguridad" carga tanto trabajo pendiente, cualquier refuerzo se agradece. El detalle fino es filosófico: nos van a poblar de lentes en el mismo territorio donde esta semana detuvieron a un hombre con dos nombres y no logramos ponernos de acuerdo en cuál era. Vamos a tener cámaras por todos lados; el reto será que alguien recuerde después dónde quedó la grabación.
Preocupa, además, la parte de "convenios con personas físicas o morales". Suena a que la vigilancia se vuelve colaborativa, tipo tanda: yo pongo la cámara, tú pones el poste, el Estado pone el logotipo. Nada como privatizar el ojo público para que luego nadie sepa quién está viendo qué ni con qué permiso. Pero seguro hay reglamento. O lo habrá. En cuanto "a veces ya ocurra" lo suficiente como para ameritar otra reforma unánime.
Que conste que no estamos contra las cámaras; estamos contra la costumbre de gobernar por ratificación de lo consumado. Si de verdad vamos hacia el Michoacán vigilado, pedimos solo dos cosas: que las cámaras enfoquen también hacia adentro de las oficinas, y que tengan mejor memoria que las carpetas de investigación. Porque de nada sirve grabarlo todo si, a la hora de la verdad, el video sale igual de borroso que la ficha del capo.
Detengámonos ahí, porque es puro método michoacano. Aquí el orden natural de las cosas es: primero se hace, luego se descubre que no había ley, después se aprueba la ley por unanimidad y al final se corta el listón como si fuera innovación de vanguardia. La legalidad no antecede a los hechos; los alcanza jadeando, tres paradas después. Con esta reforma, la cámara que tu vecino ya tenía apuntando a la banqueta por fin tiene su acta de bautizo.
En el papel suena de maravilla: más ojos, más vigilancia, más protección ciudadana. En un estado donde la palabra "seguridad" carga tanto trabajo pendiente, cualquier refuerzo se agradece. El detalle fino es filosófico: nos van a poblar de lentes en el mismo territorio donde esta semana detuvieron a un hombre con dos nombres y no logramos ponernos de acuerdo en cuál era. Vamos a tener cámaras por todos lados; el reto será que alguien recuerde después dónde quedó la grabación.
Preocupa, además, la parte de "convenios con personas físicas o morales". Suena a que la vigilancia se vuelve colaborativa, tipo tanda: yo pongo la cámara, tú pones el poste, el Estado pone el logotipo. Nada como privatizar el ojo público para que luego nadie sepa quién está viendo qué ni con qué permiso. Pero seguro hay reglamento. O lo habrá. En cuanto "a veces ya ocurra" lo suficiente como para ameritar otra reforma unánime.
Que conste que no estamos contra las cámaras; estamos contra la costumbre de gobernar por ratificación de lo consumado. Si de verdad vamos hacia el Michoacán vigilado, pedimos solo dos cosas: que las cámaras enfoquen también hacia adentro de las oficinas, y que tengan mejor memoria que las carpetas de investigación. Porque de nada sirve grabarlo todo si, a la hora de la verdad, el video sale igual de borroso que la ficha del capo.