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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 24 de septiembre de 2026

Estados Unidos celebra sus 250 años rescatando a un muralista marxista

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Hay ironías que no necesitan guionista. La Embajada de Estados Unidos, el World Monuments Fund y la UNAM anunciaron una alianza para conservar el mural monumental en relieve de Diego Rivera en la fachada oriental del Estadio Olímpico Universitario, esa joya titulada "La universidad, la familia y el deporte en México". El detalle sabroso: el dinero —185 mil dólares del Fondo de Embajadores de Estados Unidos para la Preservación Cultural— sale de la iniciativa "Freedom 250", vinculada al aniversario 250 de la independencia estadounidense.

Detengámonos a saborearlo. Para festejar dos siglos y medio de vida, el país insignia del libre mercado decidió invertir en salvar la obra de un pintor que militó, orgulloso y a todo color, en el bando contrario. Rivera, que ponía hoces y martillos donde cabían, hoy recibe restauración con presupuesto del Tío Sam. El muralista debe estar aplaudiendo desde donde esté, o cobrando regalías espectrales.

No es que esté mal, al contrario: patrimonio salvado es patrimonio salvado, y bienvenido sea el recurso venga de donde venga. Pero conviene registrar la escena para la posteridad: dólares gringos financiando a Rivera, la UNAM poniendo el muro y todos posando muy contentos para la foto de la reconciliación cultural. Diplomacia del andamio, le llaman.

Uno se pregunta si en la placa conmemorativa —que quizá no habrá, porque nadie quiere arruinar el momento— cabría una nota al pie explicando que el homenajeado probablemente habría pintado un mural burlándose, precisamente, de quienes hoy lo restauran. Ese sí sería un mural completo, con moraleja incluida.

Mientras tanto, agradezcamos el gesto y sigamos adelante. El arte, como se ve, sobrevive a las ideologías, a los presupuestos y hasta a la incomodidad de sus mecenas. Que lo disfruten cuando queden listos los andamios y empiece, otra vez, la eterna función de fingir que la historia no tiene sentido del humor.