El agua sabe a champurrado y nadie pidió ese sabor
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Buenas noticias para los amantes del chocolate: ya no hace falta ir a la dulcería. Basta con abrir la llave del fregadero en buena parte del Área Metropolitana de Guadalajara, donde el agua ha estado saliendo turbia, con sedimentos, olor a fondo de tinaja y un distinguido color chocolatoso que cualquier barista cobraría como bebida de temporada. Las quejas repuntaron en las últimas semanas y el Gobierno de Jalisco salió a explicar el fenómeno con una frase que merece marco: la culpa es de la saturación de las plantas potabilizadoras por las lluvias.
O sea que llueve —bendición divina, agua del cielo, vida— y el resultado es que de la llave brota algo que parece atole sin colar. Hay una poética cruel en eso: el recurso más abundante de la temporada es justamente el que rompe el sistema diseñado para tratarlo. Entre enero y marzo de 2026 se acumularon mil 502 reportes de agua sucia, y Guadalajara encabeza el podio de afectaciones, porque hasta para esto la capital quiere ser primer lugar.
Lo entrañable del asunto es el timing. Justo cuando la ciudad se llena de visitantes del Mundial, turistas con cámara y selección a cuestas, la metrópoli estrena su bebida insignia color cacao directo del grifo. Bienvenidos a la Perla de Occidente: admiren la Catedral, la birria, el tequila y, de cortesía, un vaso de agua que cambia de color como si tuviera filtro de Instagram.
Mientras tanto, en la misma ciudad cabían 270 mil personas para una serenata y caben miles de millones para obras de relumbrón, pero la transparencia —la del agua, se entiende— sigue pendiente. El vecino, que paga su recibo puntual, no pide gran cosa: quiere abrir la llave y que salga agua con cara de agua. Color neutro, sabor a nada, sin sorpresas. Aspiración modesta que, por lo visto, en plena temporada de lluvias se volvió artículo de lujo. Que conste que nadie ordenó el champurrado.
O sea que llueve —bendición divina, agua del cielo, vida— y el resultado es que de la llave brota algo que parece atole sin colar. Hay una poética cruel en eso: el recurso más abundante de la temporada es justamente el que rompe el sistema diseñado para tratarlo. Entre enero y marzo de 2026 se acumularon mil 502 reportes de agua sucia, y Guadalajara encabeza el podio de afectaciones, porque hasta para esto la capital quiere ser primer lugar.
Lo entrañable del asunto es el timing. Justo cuando la ciudad se llena de visitantes del Mundial, turistas con cámara y selección a cuestas, la metrópoli estrena su bebida insignia color cacao directo del grifo. Bienvenidos a la Perla de Occidente: admiren la Catedral, la birria, el tequila y, de cortesía, un vaso de agua que cambia de color como si tuviera filtro de Instagram.
Mientras tanto, en la misma ciudad cabían 270 mil personas para una serenata y caben miles de millones para obras de relumbrón, pero la transparencia —la del agua, se entiende— sigue pendiente. El vecino, que paga su recibo puntual, no pide gran cosa: quiere abrir la llave y que salga agua con cara de agua. Color neutro, sabor a nada, sin sorpresas. Aspiración modesta que, por lo visto, en plena temporada de lluvias se volvió artículo de lujo. Que conste que nadie ordenó el champurrado.