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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Jalisco • Nota • 25 de septiembre de 2026

Tus datos ya salieron de fiesta a Telegram (y no te invitaron)

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Malas noticias para tu intimidad: la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno investiga la presunta venta en Telegram de más de 12.9 millones de registros personales, presuntamente ligados a distintos call centers. El catálogo, según la información difundida, es de terror y va completo: nombres, correos, teléfonos, fechas de nacimiento, RFC, domicilios particulares y datos bancarios. Todo en un solo paquete, ofertado abiertamente en una app de mensajería, como quien vende tamales por catálogo pero con tu vida entera adentro.

La autoridad detectó la publicación —fechada el 22 de septiembre— y ya extrajo una muestra de 13 mil registros repartidos en 13 bases distintas, con vínculos comerciales a instituciones financieras, comercio electrónico y cadenas departamentales. Es decir: los mismos números a los que uno les colgó mil veces por insistentes ahora resulta que tenían un archivo tuyo digno de expediente. La venganza del call center llegó tarde, pero llegó completa.

Hay algo profundamente educativo en el episodio. Durante años nos pidieron datos 'para brindarle un mejor servicio', para 'validar su identidad', para 'ofrecerle promociones exclusivas'. Y helas aquí, las promociones exclusivas: tu RFC en oferta, tu domicilio en descuento por volumen, tu cuenta bancaria como artículo de temporada. El ciudadano entregó su información gota a gota, con toda la buena fe, y terminó convertido en base de datos vendible a granel.

Que se investigue de oficio es, en teoría, lo correcto. En la práctica, uno no puede evitar la sensación de que estamos cerrando la reja después de que el rebaño completo ya cruzó la carretera, se subió a Telegram y sacó pasaporte. El daño, si se confirma la filtración, no se 'desfiltra': una vez que tus datos andan sueltos, no hay botón de deshacer, hay resignación con acuse de recibo.

Mientras la autoridad hace su trabajo, al ciudadano le queda el consuelo mínimo y agridulce: cambiar contraseñas, revisar movimientos, desconfiar de cada llamada 'de su banco' y aceptar la nueva condición existencial del mexicano digital. Ya no somos personas con datos privados; somos perfiles con antigüedad en el mercado. Y lo peor no es que nos vendan: es que, a estas alturas, ni siquiera nos sorprende.