'Ojalá no se desvíe a la CIA': la política michoacana ahora se piensa en clave de espionaje
Tamaño de letra
En Michoacán la política ya no se hace con spots, se hace con teorías. El dirigente estatal de Morena, Jesús Mora, obsequió una frase para enmarcar a propósito de la visita de la alcaldesa sustituta de Uruapan, Grecia Quiroz, a Estados Unidos: 'Ojalá no se desvíe a la CIA'. Así, sin anestesia. De un viaje al vecino del norte a un thriller de agencias de inteligencia hay, al parecer, un solo paso, y en Michoacán ese paso se da sin escalas.
Uno esperaría de un líder partidista comentarios sobre gobernabilidad, presupuesto o, no sé, la basura que no se recoge. Pero no: la aportación al debate público fue insinuar que un cruce fronterizo podría terminar en una oficina con logo de águila calva. Es un salto argumentativo tan atlético que merece, cuando menos, una medalla.
Detrás de la ocurrencia, sin embargo, hay un pleito real y bastante concreto. Mora exhortó a Quiroz a separarse del cargo y le recordó que, según él, lleva 26 días sin entregar los celulares del extinto alcalde Carlos Manzo. Y ahí está el meollo: cuando el reclamo de fondo —los teléfonos, la sucesión, la transparencia— resulta incómodo de sostener a la luz, siempre se puede echar mano de la salsa picante del espionaje internacional para desviar la conversación. Nunca falla: menciona a la CIA y nadie preguntará por los celulares.
Lo cierto es que el tema de los aparatos y la separación del cargo se resuelve con actas, plazos y autoridades competentes, no con guiones de película. Pero reconozcámoslo: es mucho más entretenido imaginar a la política michoacana como una novela de agentes dobles que como lo que realmente es, un largo trámite de oficios sin contestar.
Que conste en el expediente: en Michoacán ya no basta con acusar a alguien de no soltar un celular. Ahora, además, hay que sugerir que podría estar reclutado por una potencia extranjera. El nivel del debate, francamente, va viento en popa.
Uno esperaría de un líder partidista comentarios sobre gobernabilidad, presupuesto o, no sé, la basura que no se recoge. Pero no: la aportación al debate público fue insinuar que un cruce fronterizo podría terminar en una oficina con logo de águila calva. Es un salto argumentativo tan atlético que merece, cuando menos, una medalla.
Detrás de la ocurrencia, sin embargo, hay un pleito real y bastante concreto. Mora exhortó a Quiroz a separarse del cargo y le recordó que, según él, lleva 26 días sin entregar los celulares del extinto alcalde Carlos Manzo. Y ahí está el meollo: cuando el reclamo de fondo —los teléfonos, la sucesión, la transparencia— resulta incómodo de sostener a la luz, siempre se puede echar mano de la salsa picante del espionaje internacional para desviar la conversación. Nunca falla: menciona a la CIA y nadie preguntará por los celulares.
Lo cierto es que el tema de los aparatos y la separación del cargo se resuelve con actas, plazos y autoridades competentes, no con guiones de película. Pero reconozcámoslo: es mucho más entretenido imaginar a la política michoacana como una novela de agentes dobles que como lo que realmente es, un largo trámite de oficios sin contestar.
Que conste en el expediente: en Michoacán ya no basta con acusar a alguien de no soltar un celular. Ahora, además, hay que sugerir que podría estar reclutado por una potencia extranjera. El nivel del debate, francamente, va viento en popa.