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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 25 de septiembre de 2026

El instituto que confundió la democracia con un muestrario de tlapalería

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Hay organismos que se reinventan cada sexenio. El INE decidió reinventarse cada quincena.

En menos de un mes, el Instituto Nacional Electoral ha protagonizado una trilogía cromática digna de festival de autor: primero abandonó el rosa —su color de toda la vida— porque, argumentaron, se confundía con el de un partido recién nacido; luego se declaró solemnemente de tono lila, con toda la pompa de un manual de identidad institucional; y ahora, apenas quince días después de aprobar ese lila, convocó a sesión extraordinaria de la Junta General Ejecutiva para anunciar que en realidad será gris Oxford, gris a secas y beige.

La justificación oficial es conmovedora en su lógica circular: se busca "diferenciar visualmente al instituto de organizaciones políticas que pudieran utilizar colores similares". Traducido: cada vez que un partido se acerca a su paleta, el INE huye hacia otro cuadrante del círculo cromático, como quien cambia de banca en el parque porque siempre se le sienta alguien al lado. El problema es que los colores son finitos y los partidos, en este país, no.

El gris, dicen, transmite neutralidad. Y es cierto: pocas cosas comunican tanta imparcialidad como el color de una banqueta. Uno casi aplaude la humildad conceptual de un árbitro electoral que aspira, estéticamente, a pasar desapercibido como el cemento. El beige remata la faena con esa energía de sala de espera de dependencia pública, que es, admitámoslo, un lugar que todos los mexicanos conocemos de memoria.

El único aguafiestas fue el Órgano Interno de Control, que se atrevió a preguntar lo impreguntable: ¿cuánto cuesta todo esto? Porque cambiar de color no es apretar un botón; es reimprimir oficios, rehacer logotipos, sustituir gafetes, mantas, chalecos, papelería y señalética de un organismo con presencia en toda la república. El proyecto, apuntó el contralor, no incluye un costo estimado de impacto presupuestal. Solo aclara que "la aplicación será gradual", esa fórmula mágica de la burocracia que significa "carísimo, pero repartido en el tiempo para que nadie se asuste de golpe".

Así que aquí estamos: un instituto que gasta energía institucional en elegir cortinas mientras se acercan las elecciones de 2027. Ojalá la próxima sesión extraordinaria sea para algo distinto de la carta de colores. Aunque, conociendo el ritmo, para cuando usted lea esto, el gris quizá ya sea historia.