Aseguran a un cocodrilo de 50 años en Marina Vallarta; la ciudad no sabe si reubicarlo o darle una regiduría
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Puerto Vallarta vivió la semana de los reptiles con antigüedad. Elementos de la Patrulla Verde, a bordo de la unidad PV-395, capturaron en el cruce de las calles Albatros y Pelícanos, en la colonia Marina Vallarta, a un cocodrilo de 3.27 metros que se paseaba por la vía pública como quien sale a estirar las piernas. El ejemplar, según las autoridades, estaba marcado con el número 800 y se calcula que ronda los 50 años de edad. Cincuenta. El reptil ha visto pasar sexenios, trienios, remodelaciones de malecón y promesas de bacheo, y sigue más entero que muchos de los que las hicieron.
Quien dio la voz de alerta fue un ciudadano de 28 años llamado Enrique, que señaló el punto exacto donde el animal tomaba el sol. Uno imagina la escena: Enrique, nacido cuando el cocodrilo ya tenía como dos décadas de experiencia en esas aguas, avisando a la autoridad de que el vecino más antiguo de la marina andaba suelto. Tras las maniobras correspondientes, el ejemplar fue trasladado y reintegrado a su hábitat natural, es decir, lo reubicaron «en un sitio seguro». Que es, dicho sea de paso, un privilegio que muchos vallartenses de a pie firmarían con gusto.
No fue el único. Casi en paralelo, en el muelle de la Décima Zona Naval de San Blas, personal de la Secretaría de Marina y de Protección Civil aseguró a otro cocodrilo, este de 2.5 metros y unos 250 kilos, cuya sola presencia bastó para movilizar un operativo especial con maniobras «bajo condiciones controladas» para que nadie —ni humano ni reptil— saliera lastimado.
Dos capturas en cuestión de horas, justo cuando el huracán «Polo» revolvía el Pacífico y elevaba el oleaje frente a la costa. Los cocodrilos, criaturas sabias, entendieron antes que nadie que con marejada de por medio lo mejor es salir a estirarse a tierra firme y dejar que otros se preocupen por el clima. Al final, el saldo fue el más justo del fin de semana: ni una persona lesionada y dos reptiles reubicados con más cuidado, orden y respeto institucional del que suele recibir un trámite en ventanilla. Bienvenidos a Vallarta, donde hasta los cocodrilos tienen mejor plan de retiro.
Quien dio la voz de alerta fue un ciudadano de 28 años llamado Enrique, que señaló el punto exacto donde el animal tomaba el sol. Uno imagina la escena: Enrique, nacido cuando el cocodrilo ya tenía como dos décadas de experiencia en esas aguas, avisando a la autoridad de que el vecino más antiguo de la marina andaba suelto. Tras las maniobras correspondientes, el ejemplar fue trasladado y reintegrado a su hábitat natural, es decir, lo reubicaron «en un sitio seguro». Que es, dicho sea de paso, un privilegio que muchos vallartenses de a pie firmarían con gusto.
No fue el único. Casi en paralelo, en el muelle de la Décima Zona Naval de San Blas, personal de la Secretaría de Marina y de Protección Civil aseguró a otro cocodrilo, este de 2.5 metros y unos 250 kilos, cuya sola presencia bastó para movilizar un operativo especial con maniobras «bajo condiciones controladas» para que nadie —ni humano ni reptil— saliera lastimado.
Dos capturas en cuestión de horas, justo cuando el huracán «Polo» revolvía el Pacífico y elevaba el oleaje frente a la costa. Los cocodrilos, criaturas sabias, entendieron antes que nadie que con marejada de por medio lo mejor es salir a estirarse a tierra firme y dejar que otros se preocupen por el clima. Al final, el saldo fue el más justo del fin de semana: ni una persona lesionada y dos reptiles reubicados con más cuidado, orden y respeto institucional del que suele recibir un trámite en ventanilla. Bienvenidos a Vallarta, donde hasta los cocodrilos tienen mejor plan de retiro.