Limpieza de fin de semana en Celaya: encuentra un explosivo y de paso al Ejército
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Existe un género de ansiedad muy específico para quien decide hacer limpieza profunda en casa: el miedo a lo que vas a encontrar debajo del sillón. En la colonia San Rafael de Celaya, una familia llevó esa angustia a un nivel inédito. Mientras realizaban labores de limpieza en su vivienda, los habitantes desenterraron un artefacto explosivo antiguo. No una moneda vieja, no la tapa de un refresco descontinuado: un explosivo de verdad, con suficiente historia encima para que tuviera que intervenir el Ejército y asegurar la zona.
Uno hace la limpieza de fin de semana esperando, con suerte, reencontrarse con esa herramienta que prestó y nunca volvió, o con el arete que dio por perdido en 2019. En Celaya, en cambio, el patio entrega souvenirs de otro calibre. Es la versión bajío del cofre del tesoro, solo que el tesoro requiere protocolo militar y una prudente distancia de seguridad. Pocas actividades domésticas terminan con una llamada a la Sedena, pero aquí lo lograron sin proponérselo.
La anécdota, que tiene su lado afortunadamente sin desgracias, dice algo del subsuelo guanajuatense: en esta tierra de minería, historia y demasiadas capas geológicas y humanas acumuladas, nunca sabes qué guardó el terreno antes que tú. Cada casa vieja es, potencialmente, un museo involuntario de cosas que más valdría dejar dormidas. La recomendación práctica para los vecinos es clara y poco poética: si al escarbar el jardín topas con algo metálico, oxidado y de forma sospechosa, suelta la pala, da un paso atrás y deja que los expertos hagan su trabajo. La curiosidad mató al gato, pero el gato al menos no estaba excavando junto a la jardinera.
Uno hace la limpieza de fin de semana esperando, con suerte, reencontrarse con esa herramienta que prestó y nunca volvió, o con el arete que dio por perdido en 2019. En Celaya, en cambio, el patio entrega souvenirs de otro calibre. Es la versión bajío del cofre del tesoro, solo que el tesoro requiere protocolo militar y una prudente distancia de seguridad. Pocas actividades domésticas terminan con una llamada a la Sedena, pero aquí lo lograron sin proponérselo.
La anécdota, que tiene su lado afortunadamente sin desgracias, dice algo del subsuelo guanajuatense: en esta tierra de minería, historia y demasiadas capas geológicas y humanas acumuladas, nunca sabes qué guardó el terreno antes que tú. Cada casa vieja es, potencialmente, un museo involuntario de cosas que más valdría dejar dormidas. La recomendación práctica para los vecinos es clara y poco poética: si al escarbar el jardín topas con algo metálico, oxidado y de forma sospechosa, suelta la pala, da un paso atrás y deja que los expertos hagan su trabajo. La curiosidad mató al gato, pero el gato al menos no estaba excavando junto a la jardinera.