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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 26 de septiembre de 2026

La ambulancia que necesitó su propia emergencia

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En el catálogo de metáforas involuntarias sobre el estado de las cosas, esta semana se coronó una difícil de superar: una ambulancia del IMSS convertida en peligro público. Según los reportes difundidos, su operador circulaba por Azcapotzalco en aparente estado etílico cuando comenzó a impactar vehículos, atropelló a una persona y siguió su recorrido dejando una estela de coches estacionados abollados. Las versiones periodísticas hablan de una cadena de choques; en unas imágenes se observan incluso latas de cerveza dentro de la unidad. La ambulancia, ese símbolo sagrado de que alguien va en camino a salvarte, esta vez iba en camino a otra cosa.

Detengámonos en la poesía de la situación. El vehículo diseñado para llegar cuando todo se derrumba fue, él mismo, el derrumbe. Y el desenlace lo dice todo sobre esta ciudad: no fue un protocolo, ni un sistema de alerta, ni un supervisor vigilante quien detuvo la marcha. Fue un motociclista, un ciudadano cualquiera que bajó al conductor. En la capital, cuando la emergencia se vuelve loca, la solución sigue siendo el buen samaritano de dos ruedas. Privatizamos el heroísmo sin darnos cuenta.

El IMSS informó que el responsable fue separado de sus funciones de manera inmediata y puesto a disposición del Ministerio Público, y que dará seguimiento a la persona atropellada —diagnosticada con probable fractura— y a las indemnizaciones por los daños. Todo correcto, todo institucional, todo después. Porque la frase «de manera inmediata» siempre llega inmediatamente tarde: inmediatamente después de los golpes, de los sustos y del video que ya no se puede borrar de internet.

Uno quisiera pensar que es un caso aislado, un accidente de esos que no se repiten. Y ojalá lo sea. Pero la escena queda grabada como estampa del día: la unidad que debía representar el auxilio, dando tumbos por las calles mientras los vecinos la esquivaban. Hay ciudades que se preguntan quién cuida a los que cuidan. La nuestra, más práctica, ya sabe la respuesta: el del casco que venía pasando. Larga vida al motociclista anónimo, único servicio de emergencia que sí respondió a tiempo.