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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 26 de septiembre de 2026

Uso de suelo: la ciudad que clausura de mentiritas y construye de verdad

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Buenas noticias para los aficionados al género de terror urbano más popular de la capital: el uso de suelo. Esta semana la Contraloría General capitalina abrió una investigación por presuntas faltas administrativas en la Benito Juárez, por posible incumplimiento en materia de construcciones y uso de suelo en cuarenta y ocho predios de la demarcación. Cuarenta y ocho. No un edificio despistado, no una obra que se pasó de pisos por accidente: casi medio centenar de direcciones bajo la lupa. Si eso no es una vocación, es al menos un hobby muy dedicado.

Mientras la autoridad revisa expedientes, en Lomas de Chapultepec los vecinos ya se cansaron de esperar y montaron una nueva jornada de «clausuras ciudadanas simbólicas» por violaciones al uso de suelo y construcciones irregulares. Léase con cuidado: clausuras simbólicas. Es decir, el vecino pega el sello porque el gobierno no lo pegó. Hemos llegado al punto en que la ciudadanía hace cosplay de inspector, con la esperanza de que un sello de cartón logre lo que no logró un sello oficial. Conmovedor y desesperado en partes iguales.

Y por si el pulso no estuviera lo bastante acelerado, el Congreso local abrió consulta vecinal para aprobar modificaciones a los planes urbanos y desarrollos inmobiliarios en Miguel Hidalgo y Benito Juárez. Los vecinos tienen quince días para emitir observaciones. Quince días para escribir, argumentar, reunir firmas y documentar fracturas geológicas, con el antecedente histórico de que la observación ciudadana suele terminar en el mismo lugar que las buenas intenciones: en un archivero muy bien ordenado.

El patrón es de una elegancia perversa. Por un lado se investigan predios, por el otro se abren consultas para autorizar más. Se clausura simbólicamente lo viejo mientras se aprueba materialmente lo nuevo. Es la ciudad haciendo terapia y recayendo en la misma sesión. Uno entiende la fatiga vecinal: ¿para qué oponerse a una obra si la obra ya trae hasta la grúa? Aun así, hay algo admirable en esos ciudadanos poniendo sellos de papel frente a maquinaria de verdad. Es el gesto más capitalino que existe: seguir creyendo en el trámite aunque el trámite hace mucho dejó de creer en uno. Que la Contraloría llegue a algo, ojalá. Los cuarenta y ocho predios, mientras tanto, no esperan a nadie.