La paz llegó a Nuevo León: pregúntenle al árbol de la Madero
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En la Mesa de Seguridad para la Construcción de la Paz, el gobernador Samuel García presentó cifras que rozan lo milagroso: una reducción del 87% en homicidios, el robo a transportistas a la baja y el robo a transporte de carga desplomándose de casi 900 reportes anuales a apenas 48 en lo que va del año. La frase estrella: “estamos llegando a menos de un homicidio diario”. Un dato precioso, sobre todo si uno tiene la delicadeza de no leer el resto del periódico ese mismo día.
Porque mientras el promedio presumía su curva descendente, en Fomerrey 10 Norte ejecutaban a balazos a un hombre de unos 50 años —cinco casquillos, para que la aritmética no se aburra—, en el río Santa Catarina aparecía otro cuerpo de aproximadamente 40 años y en el Anillo Periférico de Pesquería un peatón moría atropellado, con cierre total de circulación incluido. “Menos de uno diario” es, técnicamente, un promedio; y como todo promedio, tiene la generosidad de no preguntarnos en qué día nos tocó caer.
Pero la indignación institucional de la jornada no la provocó ninguna de esas escenas. La provocó un árbol. O más bien, la ausencia de unos árboles frente a un negocio sobre la avenida Madero. El gobernador, en su papel de guardián del follaje, ordenó multar, denunciar y auditar de inmediato al local que se atrevió a talarlos para lucir su fachada, y lo exhibió en redes con el clásico antes-y-después y un sentido “¡QUE BÁRBAROS!”. Que quede claro para el ciudadano promedio: si usted quiere justicia exprés en Nuevo León, no denuncie una extorsión; denuncie una poda. El árbol tuvo fiscal, multa y auditoría el mismo día. Usted, con suerte, tendrá folio.
En el frente de los apoyos, Mariana Rodríguez, titular de AMAR a Nuevo León, repartió tarjetas de movilidad y apoyos económicos al sur de Monterrey y, de paso, lanzó un reto a sus críticos: “síganme denunciando”. Es un giro narrativo admirable: convertir la denuncia en aplauso. Las tarjetas ofrecen hasta cuatro viajes gratuitos al día en transporte público; eso sí, únicamente de 10:00 a 13:00 horas, en ese oasis del día en que la ciudad decidió que los pobres solo tienen prisa a media mañana.
La nota que mejor retrata el espíritu emprendedor regio vino de San Nicolás: un grupo de estudiantes de la Prepa 22 de la UANL entró a un restaurante de comida rápida en Plaza Citadel y, para grabar contenido, se hizo pasar por la plantilla: atendieron clientes y hasta despacharon productos. Llegó la policía; no hubo detenidos. En un estado que presume pleno empleo, resulta conmovedor ver a la juventud trabajar gratis y sin contrato solo por el algoritmo. Recursos Humanos, tomen nota: ya hay quien cubre turno por likes.
En la colonia Llave de Oro, la maquinaria pesada sigue mordiendo la llamada Rotonda de las Casas para una obra vial, con inmuebles todavía habitados a un costado. Sobre una de las paredes ya derribadas alguien escribió “Gracias casa por todo”. Nada como el progreso metropolitano: te quita el techo, pero te deja el epitafio.
La CFE, por su parte, desplegó una intensa “gira de trabajo” por Guadalupe, Apodaca, San Nicolás y Monterrey, que en el idioma oficial se traduce como recorridos y reuniones para supervisar mantenimiento. Recorrer y reunirse: el músculo más ejercitado de la administración pública. Y en el agua, la Conagua informa que 10 de 12 obras ya están “contratadas”, aunque el avance físico general es del 15%. Contratar va rapidísimo; construir, ya veremos. Mientras, se discute que evitar el trasvase a Tamaulipas nos ahorraría el equivalente a dos presas La Boca, cifra que suena a mucho hasta que uno recuerda cómo lucía La Boca el año pasado.
Como telón de fondo, el huracán “Polo” recuperó la categoría 5 y Protección Civil avisa lluvias fuertes: el cielo, al menos, no presume que su tormenta va “a la baja”. Nuevo León cierra la semana con su ecuación de siempre: los árboles con abogado, los muertos con promedio, los jóvenes con vocación de becarios eternos y las casas con carta de despedida. La paz, dicen, se construye. Aquí va quedando claro que primero se tala.
Porque mientras el promedio presumía su curva descendente, en Fomerrey 10 Norte ejecutaban a balazos a un hombre de unos 50 años —cinco casquillos, para que la aritmética no se aburra—, en el río Santa Catarina aparecía otro cuerpo de aproximadamente 40 años y en el Anillo Periférico de Pesquería un peatón moría atropellado, con cierre total de circulación incluido. “Menos de uno diario” es, técnicamente, un promedio; y como todo promedio, tiene la generosidad de no preguntarnos en qué día nos tocó caer.
Pero la indignación institucional de la jornada no la provocó ninguna de esas escenas. La provocó un árbol. O más bien, la ausencia de unos árboles frente a un negocio sobre la avenida Madero. El gobernador, en su papel de guardián del follaje, ordenó multar, denunciar y auditar de inmediato al local que se atrevió a talarlos para lucir su fachada, y lo exhibió en redes con el clásico antes-y-después y un sentido “¡QUE BÁRBAROS!”. Que quede claro para el ciudadano promedio: si usted quiere justicia exprés en Nuevo León, no denuncie una extorsión; denuncie una poda. El árbol tuvo fiscal, multa y auditoría el mismo día. Usted, con suerte, tendrá folio.
En el frente de los apoyos, Mariana Rodríguez, titular de AMAR a Nuevo León, repartió tarjetas de movilidad y apoyos económicos al sur de Monterrey y, de paso, lanzó un reto a sus críticos: “síganme denunciando”. Es un giro narrativo admirable: convertir la denuncia en aplauso. Las tarjetas ofrecen hasta cuatro viajes gratuitos al día en transporte público; eso sí, únicamente de 10:00 a 13:00 horas, en ese oasis del día en que la ciudad decidió que los pobres solo tienen prisa a media mañana.
La nota que mejor retrata el espíritu emprendedor regio vino de San Nicolás: un grupo de estudiantes de la Prepa 22 de la UANL entró a un restaurante de comida rápida en Plaza Citadel y, para grabar contenido, se hizo pasar por la plantilla: atendieron clientes y hasta despacharon productos. Llegó la policía; no hubo detenidos. En un estado que presume pleno empleo, resulta conmovedor ver a la juventud trabajar gratis y sin contrato solo por el algoritmo. Recursos Humanos, tomen nota: ya hay quien cubre turno por likes.
En la colonia Llave de Oro, la maquinaria pesada sigue mordiendo la llamada Rotonda de las Casas para una obra vial, con inmuebles todavía habitados a un costado. Sobre una de las paredes ya derribadas alguien escribió “Gracias casa por todo”. Nada como el progreso metropolitano: te quita el techo, pero te deja el epitafio.
La CFE, por su parte, desplegó una intensa “gira de trabajo” por Guadalupe, Apodaca, San Nicolás y Monterrey, que en el idioma oficial se traduce como recorridos y reuniones para supervisar mantenimiento. Recorrer y reunirse: el músculo más ejercitado de la administración pública. Y en el agua, la Conagua informa que 10 de 12 obras ya están “contratadas”, aunque el avance físico general es del 15%. Contratar va rapidísimo; construir, ya veremos. Mientras, se discute que evitar el trasvase a Tamaulipas nos ahorraría el equivalente a dos presas La Boca, cifra que suena a mucho hasta que uno recuerda cómo lucía La Boca el año pasado.
Como telón de fondo, el huracán “Polo” recuperó la categoría 5 y Protección Civil avisa lluvias fuertes: el cielo, al menos, no presume que su tormenta va “a la baja”. Nuevo León cierra la semana con su ecuación de siempre: los árboles con abogado, los muertos con promedio, los jóvenes con vocación de becarios eternos y las casas con carta de despedida. La paz, dicen, se construye. Aquí va quedando claro que primero se tala.