Cruzó la frontera huyendo y del otro lado lo esperaba… la otra autoridad
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Hay días en que la geografía se ensaña. Adrián Dozal, exdirector de Recursos Humanos y coordinador administrativo de la Secretaría de Hacienda durante el sexenio de César Duarte, fue detenido en El Paso por agentes del ICE, que lo reportan como buscado. En México, por su parte, existe una investigación por presunta malversación.
Piénsenlo con calma: es la peor esquina posible del continente. Del lado mexicano lo buscan por una cosa; del lado estadounidense lo agarra migración por otra. Cruzó la línea y aterrizó justo en el único punto del planeta donde ambos gobiernos coincidían en querer platicar con él. Si eso no es puntería del destino, no sé qué sea.
La escena tiene su poesía fronteriza. Miles de personas cruzan a El Paso soñando con pasar desapercibidas, y va este exfuncionario a ser detectado por Operaciones de Enforzamiento y Remoción como quien encuentra su nombre en la lista de un antro exclusivo. En el Chihuahua de los últimos años, el viejo organigrama duartista se ha ido reencontrando en juzgados, penales y ahora hasta en oficinas del ICE: una reunión de exalumnos que nadie convocó, pero a la que todos, tarde o temprano, terminan asistiendo.
Aclaremos, porque aquí no difamamos a nadie: se trata de una investigación por presunta malversación, y toda persona es inocente hasta que un tribunal diga lo contrario. Pero permítannos la observación sociológica: la frontera, que para tantos es un muro infranqueable, para ciertos perfiles resulta ser una puerta giratoria que da vueltas hasta dejarte exactamente donde empezaste, pero esposado.
Moraleja para el prontuario chihuahuense: si algún día decides huir, revisa primero que tu destino no tenga convenio de colaboración con quien te busca. El Paso, resultó, no estaba tan lejos.
Piénsenlo con calma: es la peor esquina posible del continente. Del lado mexicano lo buscan por una cosa; del lado estadounidense lo agarra migración por otra. Cruzó la línea y aterrizó justo en el único punto del planeta donde ambos gobiernos coincidían en querer platicar con él. Si eso no es puntería del destino, no sé qué sea.
La escena tiene su poesía fronteriza. Miles de personas cruzan a El Paso soñando con pasar desapercibidas, y va este exfuncionario a ser detectado por Operaciones de Enforzamiento y Remoción como quien encuentra su nombre en la lista de un antro exclusivo. En el Chihuahua de los últimos años, el viejo organigrama duartista se ha ido reencontrando en juzgados, penales y ahora hasta en oficinas del ICE: una reunión de exalumnos que nadie convocó, pero a la que todos, tarde o temprano, terminan asistiendo.
Aclaremos, porque aquí no difamamos a nadie: se trata de una investigación por presunta malversación, y toda persona es inocente hasta que un tribunal diga lo contrario. Pero permítannos la observación sociológica: la frontera, que para tantos es un muro infranqueable, para ciertos perfiles resulta ser una puerta giratoria que da vueltas hasta dejarte exactamente donde empezaste, pero esposado.
Moraleja para el prontuario chihuahuense: si algún día decides huir, revisa primero que tu destino no tenga convenio de colaboración con quien te busca. El Paso, resultó, no estaba tan lejos.