Campeones mundiales de la composta: la capital va por otro premio por convertir basura en abono
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Mientras medio Bajío discute seguridad, agua y presupuestos, la capital del estado se anota en otra competencia: la de los premios ambientales. Guanajuato se registró formalmente para pelear el Premio Internacional ICLEI 2026, envalentonado por el máximo galardón que ya ganó en Monterrey gracias a sus políticas de "circularidad" y a su Centro de Compostaje Municipal.
Somos, oficialmente, potencia mundial en composta. Y uno no sabe si reír o sentirse orgulloso, porque convertir desperdicio orgánico en algo útil es, seamos francos, una disciplina en la que México lleva siglos de ventaja: aquí no se tira nada, todo se reaprovecha, se recalienta y se sirve al día siguiente. Que ahora nos den un trofeo por ello es casi como premiar a un pez por nadar.
La nueva postulación, presentada a nombre de la presidenta municipal Samantha Smith, promete "democratizar los servicios de economía circular" y hacerlos accesibles para toda la población. Bella aspiración. Ojalá la misma energía democratizadora se aplique a otras cosas menos glamurosas que la composta, como el agua potable o las banquetas parejas.
El detalle fino es el timing. La misma semana en que la capital presumía 195.5 millones en obra y cientos de cámaras nuevas, también anunciaba que va por un premio internacional de sostenibilidad. Es una administración que no descansa: si no está informando, está compitiendo; y si no está compitiendo, está inaugurando el compostero. Uno teme que, al paso que van, el próximo galardón sea por la cantidad de galardones acumulados.
Nada en contra de la composta, que conste. En un país donde tanto se desperdicia —el tiempo, el presupuesto, la paciencia—, tener a alguien obsesionado con reaprovechar hasta la cáscara es hasta conmovedor. Solo pedimos que, cuando reciban el reconocimiento, recuerden que el abono más noble es el que se queda en casa a hacer crecer lo propio.
Somos, oficialmente, potencia mundial en composta. Y uno no sabe si reír o sentirse orgulloso, porque convertir desperdicio orgánico en algo útil es, seamos francos, una disciplina en la que México lleva siglos de ventaja: aquí no se tira nada, todo se reaprovecha, se recalienta y se sirve al día siguiente. Que ahora nos den un trofeo por ello es casi como premiar a un pez por nadar.
La nueva postulación, presentada a nombre de la presidenta municipal Samantha Smith, promete "democratizar los servicios de economía circular" y hacerlos accesibles para toda la población. Bella aspiración. Ojalá la misma energía democratizadora se aplique a otras cosas menos glamurosas que la composta, como el agua potable o las banquetas parejas.
El detalle fino es el timing. La misma semana en que la capital presumía 195.5 millones en obra y cientos de cámaras nuevas, también anunciaba que va por un premio internacional de sostenibilidad. Es una administración que no descansa: si no está informando, está compitiendo; y si no está compitiendo, está inaugurando el compostero. Uno teme que, al paso que van, el próximo galardón sea por la cantidad de galardones acumulados.
Nada en contra de la composta, que conste. En un país donde tanto se desperdicia —el tiempo, el presupuesto, la paciencia—, tener a alguien obsesionado con reaprovechar hasta la cáscara es hasta conmovedor. Solo pedimos que, cuando reciban el reconocimiento, recuerden que el abono más noble es el que se queda en casa a hacer crecer lo propio.